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12 piezas para entender la nueva narrativa

Narrar nos hace humanos: cuando perseguíamos grandes animales de manera incansable, nos relatábamos antes la mejor forma de emboscarlos. Cuando […]

Narrar nos hace humanos: cuando perseguíamos grandes animales de manera incansable, nos relatábamos antes la mejor forma de emboscarlos. Cuando dominamos el fuego, pasábamos el tiempo en las cuevas dibujando al mamut que sería cazado al día siguiente: inventamos así las primeras ficciones como un modo de predecir el futuro. Desde entonces, nuestra adicción por contar historias y escucharlas ha sido la causante de, bueno, de todo: los dioses que se volvieron religiones y pueblos elegidos y guerras, imperios levantándose y cayendo, conquistas, tecnología, economía, cine, redes sociales. Todo salió de la boca de alguien como una historia.

La forma de contar historias ha cambiado junto con nosotros. Cada cambio ha significado una revolución: las tablillas de Babilonia solidificaron la palabra que antes sólo podía echarse al aire, y con ello se establecieron leyes; el papiro egipcio erigió la biblioteca de Alejandría; la imprenta de Gutenberg prefiguró la Reforma Luterana, la era de las conquistas, la primera ciencia. No extraña que el advenimiento de internet y la era digital, que también ha deformado nuestra forma de contar historias, se perciba instintivamente como una revolución. Después de lo que sea que esté pasando justo ahora, el mundo será distinto.

Pero, ¿qué está pasando, exactamente? ¿Qué significa narrar hoy? ¿Es algo que ha sucedido sólo en la pantalla? Aquí 12 ¿libros? ¿piezas? imperdibles para adentrarse en la nueva narrativa y para entender las etapas por las que ha pasado la más reciente revolución de las historias.

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¿Qué significa narrar hoy? / shutterstock

  1. El I Ching. Sí: el libro de la sabiduría oriental tiene varios milenios de existencia, y nada tiene que ver con las computadoras y el internet. Sin embargo, para ser uno de los textos más antiguos que conocemos, es sumamente progresista: a diferencia de casi todos los libros hasta antes de la mitad del siglo XX, el I Ching puede leerse a saltos, en desorden. Está dividido en 64 hexagramas que se refieren unos a otros, y es un libro que es al mismo cosmogonía, oráculo y consejero, y también, por todo eso, el primer hipertexto de la historia registrada.
  1. Rayuela. La novela fundamental de Julio Cortázar es ampliamente reconocida como la primera ficción literaria no lineal de la historia (a pesar de que Pale Fire, poema en el que Vladimir Nabokov ocultó una novela a través de pies de página y comentarios finales, se le haya adelantado por un año), publicada en 1963. Su gran mérito: a menos de que se siga el orden lineal o el orden sugerido por Cortázar en el prefacio, Rayuela es una novela distinta para cada lector (a diferencia de Pale Fire, que, si bien sostiene su lectura en una serie de referencias cruzadas, sigue siendo, de algún modo, lineal), lo cual introduce en los lectores contemporáneos el concepto de hipervínculo, pero también el de novela interactiva.
  1. La vida instrucciones de uso. Georges Perec es acaso el escritor más encantadoramente orate de la literatura francesa (lo cual ya es decir): ninguno de sus textos es inocente; cada uno de ellos es parte de un juego en el que el lector debe involucrarse verdaderamente para poderlo resolver. En ese sentido, Perec no fue único: formaba parte de Oulipo (“Ouvroir de littérature potentielle” o, en español, “Taller de literatura potencial”), un grupo que experimentaba con modelos matemáticos y literatura. Sin embargo, la obra cumbre, tanto de Oulipo como de Perec, es La vida instrucciones de uso, de 1978. Se trata de un rompecabezas hecho de escenas que ocurren en los distintos cuarto de un edificio. Con este libro, Perec no sólo apuntaló la existencia de la literatura interactiva, sino que inspiró una nueva forma de literatura cuyo nombre acuñaría muchos años después, en 1997, Espen Aarseth: la literatura ergódica, que es aquella en la que “es necesario que el lector haga un esfuerzo no trivial para atravesar el texto”.
  1. afternoon: a story. Es considerada la primera ficción interactiva de la historia. En 1987, Michael Joyce escribió esta novela corta que se vendía en un diskette; resulta curioso que su tema es la formación de la memoria, y cómo a veces ésta se vuelve una forma de ficción. Consistía en varias páginas virtuales donde algunas palabras tenían hipervínculos que llevaban a otras partes de la historia. Básicamente era lo que hoy identificaríamos con una página web promedio. Como esta novela surgieron muchas, que a la postre se unieron en la Electronic Literature Organization (ELO), la primera asociación dedicada a la narrativa digital en el mundo.
  1. The Possession of Christian Shaw. Si afternoon trajo de facto la literatura de hipervínculos, libros como The Possession of Christian Shaw, de Donna Leishman, llevaron a lo digital la literatura interactiva. No que fuera algo nuevo: para ese año, la interactividad era ya un concepto harto conocido gracias a los videojuegos. Sin embargo, quienes se dedicaron a la literatura interactiva digital se diferenciaron tomando por premisa que “en los juegos, el usuario interpreta para configurar; en nuestros libros, el usuario debe configurar para interpretar”.
  1. Más respeto, que soy tu madre. Con la llegada de internet a los hogares del mundo llegó también la posibilidad de que cada usuario de la red fuera un creador. Rápidamente empezaron a existir foros donde mucha gente experimentó con un tipo de ficción semejante al happening (como el memorable caso de John Titor), y pronto nacieron las bitácoras públicas que hoy llamamos blogs. Estas bitácoras fácilmente actualizables y legibles se volvieron campo de historias para muchos. En América Latina, la primera novela blog fue Más respeto, que soy tu madre (O Diario de una señora gorda), donde un ama de casa contaba las aventuras cotidianas de su disfuncional familia. Aunque mucha gente creía que este blog era realmente escrito por la señora Mirta Bertotti, el verdadero autor era Hernán Casciari, escritor argentino que hoy es una suerte de paladín de la literatura digital en el continente.
Narrativa.shutterstock

Cada usuario, un creador / shutterstock

  1. Keitai Shosetsu. En 2007, el producto editorial más vendido en Japón se llamaba keitai shosetsu; el sitio Maho-i Land vendió millones y millones de novelas cortas, con capítulos de menos de 200 caracteres. Años atrás, estas novelas empezaron a publicarse de un modo peculiar: enviándose por mensaje de texto a los teléfonos celulares; de ahí sacaron su nombre occidental: cellphone novels o novelas de celular. Con la llegada de Twitter, estas novelas no pararon de crecer y popularizarse. Incluso, en 2008, la escritora japonesa Jakucho Setouchi, de 86 años entonces, escribió varias de estas piezas. Las novelas de celular llevaron a la literatura a un sitio en el que, hasta poco antes, era imposible pensar: directo a los lectores, donde quiera que estuvieran.
  1. The Silent History. Eli Horowitz se define no como escritor, sino como co-creador de sus obras. La razón: no son del todo libros, ni del todo páginas, sino proyectos literarios, de diseño, arquitectura web, apps, en fin, historias complejas, que se insertan, literalmente, en la vida del lector. Entre sus muchos proyectos está The Pickle Index, novela en 10 días (dado que los personajes tienen 10 días para rescatar a uno de sus compañeros, el lector tiene el mismo tiempo para terminar su historia) y The Clock Without a Face, donde el lector ha de buscar solución a un crimen (si la encuentra, también encontrará la locación exacta de 12 esmeraldas reales, enterradas en algún punto de Estados Unidos). Sin embargo, el proyecto más exitoso de Horowitz es The Silent History, pieza multimedia que narra la historia de una generación de niños que nace sin poderse comunicar. El libro va acompañado de una app que, por geolocalización, “emite” las historias de estos niños. Aunque la app sólo se disfruta a cabalidad en Manhattan, y aunque esta no es la primera vez que alguien hace “literatura locativa” (entendiendo ésta como la que depende de estar en cierto lugar para entenderse, cosa que algunos artistas ya hacían en los años noventa con CD’s grabados, al modo de guías de museo), la complejidad de las herramientas dispuestas para contar una historia de la mejor manera posible abre una enorme puerta a nuevas narrativas.
  1. Shield Five. Lo que las keitai shosetsu hicieron tan exitosamente en celulares hoy puede replicarse en toda clase de redes sociales. Shield Five es uno de los ejemplos más recientes: esta historia de un hombre tratando de probar su inocencia ocurre en Instagram; cada día se postea una imagen con información importante para seguir la historia, además de un video de menos de un minuto. Ya puede verse completa, y es una muestra clara de las nuevas narrativas digitales, en “tiempo real”, a domicilio, sin limitantes de formato y con flexibilidad de lenguajes.
  1. Pry. Historias contadas como Pry son, muy probablemente, el futuro de la narrativa digital. Es la evolución del keitai shosetsu, la interactividad llevada al máximo, los hipervínculos con sentido. Esta historia ocurre en una app (¿será que en el futuro los libros cedan su sitio no a las páginas web, sino a las apps?), y trata del estrés postraumático de un soldado. Más que de lectura, se puede hablar de navegación: uno entra a un capítulo y puede ampliar el texto o reducirlo, hallar entre las palabras información escondida o videos relevantes, ampliar una imagen que puede tener datos significativos para la historia, pasar por un capítulo escrito en braille que, una vez “descubierto” un personaje, empezará a leerse solo… en fin: quizá incluso la palabra multimedia queda chica para este proyecto narrativo del colectivo artístico Tender Claws.
Narrativa digital / shutterstock

Narrativa digital / shutterstock

  1. Tatuaje. En México también ocurren ejercicios interesantes de narrativa digital. Algunos se han desarrollado en el Centro de Cultura Digital de la Ciudad de México. Uno de ellos, Tatuaje, coordinado por el escritor Rodolfo JM, es una historia hipertextual que mezcla entradas de un diario con audios, videos, foros, y otras herramientas. Esta es la primera pieza narrativa mexicana que se incluye en el anuario de la Electronic Literature Organization.
  1. House of Leaves. Quizá lo más interesante ocurre cuando ciertos formatos y lenguajes y formas cambian de soporte. Cuando los conceptos de hipertexto, interactividad, no-linealidad y realidad aumentada vuelven al papel, obras maestras como House of Leaves emergen. A pesar de que esta novela de Mark Z. Danielewski es anterior al año 2000 (antes de que muchas de las cosas arriba mencionadas ocurrieran), esta obra, impresa en papel, logró pronosticar lo que esas incursiones nos permitirían imaginar. La novela (de más de mil páginas) trata de una casa que se convierte en un laberinto. Pero sucede que el libro mismo se vuelve un laberinto también: las palabras cambian de sentido, hay páginas vacías, saltos, referencias cruzadas. El lector acaba, pues, sumergiéndose en un laberinto, igual que los personajes: igual que en el propio internet.

¿Estas piezas hacen más compleja nuestra habilidad lectora? Todavía no lo sabemos. Lo que sí hacen, en medio de un mundo hiperconectado, donde todo ocurre en tiempo real, donde todo es interactivo, es dejar claro que la forma de contar historias es una manera de aprehender la realidad y, todavía, de predecir el futuro para poder cazarlo.

 

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