5 pruebas de que la ligereza domina el mundo

Hoy empiezo la dieta

¡Todo el mundo está hablando de mí en redes!

¡Encontré los mejores superfood ever!

Todo se traduce en sexo

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por Julia Santibáñez @danioska

 

Vivimos en la civilización más liviana, fluida y móvil que ha existido jamás, señala el filósofo y sociólogo francés Gilles Lipovetsky en su más reciente libro, De la ligereza, recientemente publicado por Editorial Anagrama. En él, el analista de la cultura contemporánea estudia de qué modo el deseo de eliminar peso atraviesa hoytodas las esferas del quehacer humano. Y es que, señala, la ingravidez es el nuevo paradigma que estructura la sociedad en los ámbitos económico, tecnológico, de consumo, artístico, humano, de entretenimiento. Es decir que actualmente lo que más nos obsesiona a nivel global y, por tanto, lo que más vende y genera negocios es, paradójicamente, lo minúsculo. Parecemos instalados en dominar lo infinitesimal.

Desde los gadgets miniatura hasta la nanomedicina, desde la energía solar hasta el flyboard (nuevo deporte de moda, en el que a partir de propulsores de agua, el deportista literalmente flota), desde la tiranía por mantenernos esbeltos hasta el arte cada vez más centrado en la superficie, esta nueva forma de estructuración social domina el mundo 2.0. Se trata de una revolución, apunta el filósofo, que apela a las necesidades universal es de flotar, relajarnos, liberarnos de ataduras y, así, reducir la angustia de vivir.

Esta nueva era comenzó a perfilarse más o menos en la década de 1950, con el consumo masivo de bienes destinados a facilitar la vida cotidiana (como los electrodomésticos y el automóvil), a comunicar (como el teléfono, la televisión y, más tarde, las computadoras) y, por supuesto, a divertir (la música, el cine y, luego, el WiFi). Con el avance de la tecnología, la aspiración comenzó a hacerse realidad: la vida se fue volviendo cada vez más rápida, inmediata y liviana. Para bien y para mal.

netflix

Entre los valores en los que la ligereza se manifiesta, estos cinco no dejan lugar a dudas:

  1. Es uno de los sellos de este tiempo, que incluso ha inventado la obsolescencia programada. Si en los 60 uno compraba un teléfono esperaba que durara toda la vida, pero hoy desde los celulares hasta las computadoras duran unos pocos años. Y todo apunta hacia lo minúsculo o, incluso, lo intangible: materiales ultraligeros en la ropa, laptops de unos pocos gramos, nanorobots, drones, la Nube, Netflix, iTunes, Spotify.
  2. Creación de nuevas necesidades. La publicidad nos convence de que nos urgen el último gadget y la nueva marca de ropa, que no podemos vivir sin el recién descubierto suplemento alimenticio. Y nosotros, obedientes, aceptamos sin cuestionar, asumimos la enorme presión que implica necesitar más y más cosas.
  3. Primacía de la diversión. Las grandes ideologías se desplomaron tanto con la caída del Muro de Berlín como con la pobreza causada por el capitalismo. La Iglesia y la familia también han perdido la fuerza que en otro tiempo las convirtió en dictadoras de la conducta: las generaciones actuales buscan consejo en Internet, en las redes sociales. Otro tanto ha pasado con el arte, que hoy ya no aspira a tocar lo Absoluto ni a conmover las entrañas; es más bien un divertimento, algo accesorio.
  4. Relatividad. Tanto las relaciones personales como el sexo y hasta la educación de los hijos se han independizado de la religión, la moral y el matrimonio, lo que ha significado quitarles una gran carga. En términos generales se acepta que priman los gustos individuales, que nadie tiene derecho a meterse en lo ocurre dentro de las paredes de una casa.
  5. Tiranía de la delgadez. Existe el mandato social no escrito de tener una figura esbelta (sobre todo, las mujeres), por eso existe tal explosión de productos light, rutinas de ejercicio, dietas, súperalimentos, cirugías estéticas y hasta remedios mágicos para conjurar la maldición de la grasa. Parecemos querer cuerpos que salgan volando en un ventarrón. La modelo Kate Moss lo resumió bien cuando dijo: “Nothing tastes better than being thin” (Nada sabe mejor que estar delgada). Las mujeres hemos interiorizado el corsé de otros tiempos: hoy lo llevamos integrado en los músculos.

yoga

La gran paradoja es que este mundo aéreo y frívolo no nos ha vuelto más felices, todo lo contrario: parece sumar peso a la vida. El consumo se ha vuelto una obligación que nos agobia, la dictadura de la delgadez genera ansiedad y baja autoestima, la obsolescencia genera estrés, laptops y celulares nos esclavizan al trabajo, la libertad sexual implica miedo al abandono. Y es que en general el mundo se ha enfocado en procurar la ingravidez exterior, superficial. Pero no todo es negativo: existe una contraparte que pregona que la frivolidad no es el único modo de vivir, que la esencia del ser humano también puede beneficiarse de la liviandad. Así, también se han puesto de moda:

  1. Caminos de relajación interior, como la meditación y el yoga;
  2. Movimientos que van a contracorriente del consumo, entre ellos, el minimalismo que pregona que vivir con menos nos permite ser más felices;
  3. Una ola creciente que defiende la lentitud, expresada en movimientos como Slow Food, Slow Sex y Slow Travel;
  4. El nuevo turismo, centrado en experiencias de autoencuentro y enriquecimiento personal;
  5. Una explosión creativa sin precedentes, propiciada por las redes sociales, que permite que todo el mundo se exprese a través de la palabra, la fotografía, la música.

superfood

Así, nuestro mundo actual, centrado en la liviandad y la rapidez, conlleva problemas y efectos perversos, pero también comprende rasgos espléndidos, que ponen el foco en aquello que verdaderamente le da sentido y dirección a la vida.

Conviene recordar aquel verso de Paul Valéry: “Es necesario ser ligeros como el ave, no como la pluma”. Es decir, concluye Lipovetsky, está en nosotros potenciar los rasgos positivos de esta era para volar con una trayectoria clara, como el ave, y no ser víctimas de cualquier soplo de aire, como la pluma.

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