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Apódame así: por qué los mexicanos se burlan de todo

Como peruana, si tuviera que describir a los mexicanos en dos palabras, serían creativos y dotados de una amabilidad que, […]

Como peruana, si tuviera que describir a los mexicanos en dos palabras, serían creativos y dotados de una amabilidad que, si no eres latino, podría generarte escozor. Con un año viviendo en la Ciudad de México, aún me sorprende. Pensé: “Ha de ser por eso que hasta para apodar a un monumento que representa la corrupción, como la Estela de Luz, optan por hacer uso del sentido del humor y nombrarla la suavicrema”. Entonces sí, una galleta de cualquier infancia les recuerda —inconscientemente— al edificio que el expresidente Felipe Calderón multiplicó por cuatro el costo original de su construcción.

¿Qué hay detrás de este comportamiento? Para el sociólogo Francisco Sanabria, al mexicano le es muy difícil hacerse responsable de lo que dice. “Es más fácil y cómodo esconder lo que pensamos o creemos y convertirlo en una broma consensuada”, dice. “Hacer alusión a un edificio que parezca una lavadora o un pantalón, porque todos así lo conocemos, es también una cuestión no agresiva. A los mexicanos nos gustan las cosas un poco más sencillas, con pocos caracteres, fáciles de identificar”.

Por eso, existe “el dorito” —o la Torre Virreyes—, un edificio ubicado en la parte baja de las Lomas de Chapultepec, en el poniente de la ciudad, con una altura de 121 metros, obra del arquitecto mexicano Teodoro González de León. Los apodos son infinitos, como los monumentos y edificios de aquí. El Museo Soumaya, recubierto por más de 16,000 placas de aluminio hexagonales, sin más aberturas visibles que la puerta de entrada y con una altura de 46 metros, es “el florero” de muchos mexicanos.

“¿Por qué tanto lujo y extravagancia en un edificio cuando es innecesario? Apodar también es juzgar, calificar, poner en duda el verdadero sentido”, explica Francisco Sanabria. Pero también, cree, existe ignorancia y una educación acostumbrada a hacer “todo chusco, chistoso; que trasciende a lo político, social y económico. Estamos creciendo y viviendo en un entorno en el que se vive de esa forma”, concluye.

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