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Arte, diseño y comida desde las entrañas del centro

En una de las calles del Centro de la Ciudad de México que aún no ha sido remodelada para apantallar turistas, […]

En una de las calles del Centro de la Ciudad de México que aún no ha sido remodelada para apantallar turistas, se mantiene fiel a su personalidad ecléctica, sucia y vibrante El 123. En un tramo de concreto donde lo mismo confluyen bares de poca monta, que sirven cerveza desde tempranas horas a los empacadores de periódicos, locales que reparan y venden electrodomésticos a los mejores precios y vagabundos locales, está este proyecto que lleva gestándose desde hace cinco años, dentro de ese caos ordenado que es el centro.

El 123 se encuentra sobre la calle Artículo 123, en el mismo número que le ha dado su nombre, en lo que alguna vez fue una bodega de periódicos. Desde que abrió sus puertas, en 2012, estaba pensado para ser un espacio en donde se remodelarían muebles antiguos, un especie de anticuario, que estaría acompañado por una cafetería pequeña. Sin embargo, en lo que se ha convertido dista mucho de esa idea inicial.

El 123, el proyecto

Después del ajetreo del empaquetado de periódicos, el frenetismo de los camiones que deben distribuirlos y los puestos ambulantes, Delphine Passot entra en una mañana soleada en El 123. Me parece que porta una tranquilidad atípica para una persona que vive en una gran urbe. Así cruzamos el restaurante, subimos al segundo piso y nos instalamos en la azotea. Ella prende un cigarro e iniciamos la entrevista.

Delphine Passot y Arnaud Zein-el-Din son los responsables del éxito que ha tenido este proyecto que es El 123: un lugar que busca compartir buena comida, buen arte y buen diseño. Todo bajo el concepto bon vivant, o sea, disfrutar las cosas buenas de la vida. 

Delphine conoció a Arnaud en Lyon, una ciudad al sureste de Francia, cuando ambos eran estudiantes de arquitectura, pero no fue hasta después que terminaron la escuela y volvieron a reencontrarse que decidieron venir juntos a México. “Decidimos irnos de Francia porque queríamos conocer otras cosas y decidimos un poco por azar México. No hablábamos español, nunca habíamos viajado a América, pero una amiga nos contó la impresión que le causó la Ciudad de México por la noche iluminada desde el avión. Una ciudad loca que seguía expandiéndose por  las montañas. Eso nos gustó y decidimos venir”, cuenta Delphine.

Al llegar a México crearon Dear, una agencia de diseño que abarcaría un poco de todo: imagen, arte y diseño. También se asociaron con un amigo y le ayudaron con la remodelación de una antigua bodega de periódicos pensaba para funcionar como un anticuario.

El anticuario de muebles no funcionó y su amigo les cedió el espacio. La cafetería se tornó en un restaurante de comida fusión tai y comenzaron los cambios: se implementó una panadería con toque francés, un espacio para exponer el trabajo de artistas emergentes y una tienda. “Me parece que éste es un espacio que te permite hacer eso. Los platillos del restaurante son orientales pero los cocineros son mexicanos, la panadería y pastelería tiene esencia francesa. Puedes también disfrutar de una exposición de arte diferente al mes o ahora también con la nueva tienda llevarte a casa lo que te encante”, explica Delphine.

Así es como se vuelve redondo el objetivo de compartir comida, arte y diseño: “Es una historia loca y complicada con muchas personas involucradas y ese es el resultado. Y el mundo tiene que ser así, una mezcla de todo, no solamente una cosa”.

1 mes 1 artista

Siempre inquietos y en busca de nuevos proyectos, Delphine y Arnaud decidieron destinar uno de los cuartos de la casa para exponer el trabajo de artistas emergentes y abrir ese espacio a otro tipo de público. Así nace 1 mes 1 artista.

Lo que se expone es muy diverso y está abierto a todas las propuestas, puede ser fotografía, instalación, escultura, pintura o proyectos experimentales. La convocatoria está abierta a todo público, el único requisito es que la persona sea mexicana, radique o haya radicado en México. La selección de estas propuestas va en función de lo que a Delphine y Arnaud les parezca interesante o que resalte.

“A lo largo de estos cinco años han expuesto artistas reconocidos y otros completamente desconocidos. Y gracias a este proyecto se ha creado una comunidad que se ha traducido en nuevas fusiones, colaboraciones y exposiciones. Lo que exponemos no es solamente decorativo para el restaurante, es algo que pretende mostrar un reflejo de lo que pasa en la ciudad o en el país”, aclara Delphine.

Este mes expone su trabajo Andrea Martínez, una artista que se ha enfocado en la fotografía y ha utilizado este medio para “reflexionar sobre la imagen a partir de intereses específicos como la luz, la permanencia, la distancia, la representación y la mirada”.

Para conmemorar cinco años de esta iniciativa, sus creadores están organizando una exposición colaborativa con todos los artistas que han participado en este proyecto, además de la impresión de un catálogo que recopile su trabajo, manteniéndose fiel a su ideología y promoviendo la fusión y mezcla de disciplinas artísticas muy diversas.

Tiendita de abarrotes, artesanías y diseño

La tienda es el último proyecto en el que actualmente se enfocan Delphine y Arnaud. La selección de los objetos que puedes encontrar en la tienda de El 123 es variada: productos que venden en el restaurante, objetos de diseño o una selección de piezas únicas que esta pareja ha recolectado por sus viajes, como vajilla de barro de Oaxaca, libretas de diseñador o playeras estampadas de Tepito. La tienda invita a descubrir productos útiles y accesibles, unidos por su simplicidad y belleza”.

Son 10 años los que este dúo cumple viviendo en México. Con gran emoción Delphine me muestra un México pequeño que ahora lleva en el brazo, es un tatuaje que ella y Arnaud se hicieron para celebrar el tiempo que llevan aquí. Me cuenta que ambos tienen el sueño de vivir en un continente distinto cada 10 años: después les gustaría mudarse a Asia, luego a África y regresar al final a Marsella, donde comenzó todo y cerrar el círculo. “Sí, la próxima etapa es ir a Tailandia y abrir un restaurante mexicano”, se ríe.
El calor se torna más intenso, así como el ruido permanente de las construcciones aledañas.

De vuelta al alboroto de la calle, uno se queda con la sensación de que ha descubierto algo bueno. Y así, habiendo alimentado el cuerpo y la mente, afuera todo se vuelve a sobreponer en un collage de el descontrol con lo metódico, de lo viejo con lo nuevo, de la reflexión con el sin sentido.

Días de sol y azoteas. Delphine Passot en la azotea de El 123.

Da click si quieres conocer más sobre El 123, la exposición mensual 1 mes 1 artista o los proyectos personales de Delphine y Arnaud en Dear.

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