SUSCRÍBETE AL NEWSLETTER

Así se vivió la pasión de Cristo en Iztapalapa

El asfalto quema sus pies, tiene puesta una corona de espinas que brilla con el sol poniente y, sobre su […]

El asfalto quema sus pies, tiene puesta una corona de espinas que brilla con el sol poniente y, sobre su espalda, carga una cruz de madera que pesa 120 kilos. Con ella, recorre un trayecto de dos kilómetros que lo llevan al Cerro de la Estrella, donde la crucifixión ocurre ante la mirada de más de un millón de personas.

“Padre mío en tus manos encomiendo mi espíritu”- dijo Jesús desde la cruz, mientras soldados romanos afirmaron: “falso profeta, moriste sin que pudieras hacer nada por ti y por tu familia”.

Eder Arreola escenifica a Jesús en la Pasión de Cristo en Iztapalapa, una tradición de barrio desde hace 174 años; cada vez menos sangrienta. No hay latigazos que hacen llorar la piel, ni clavos que la traspasan. Eder Arreola engancha su muñeca con unas argollas a la estructura de madera. La sangre que recorre sus piernas y torso desnudo es artificial.

No obstante, para escenificar al Jesús de Iztapalapa hay que tener una vida de santo en la Tierra. No, en vano, tuvieron que despedir a un Cristo anterior al descubrir que estaba casado. Por eso, Eder Arreola tuvo solo un mes- y no cuatro, como se acostumbra- para entrenarse como Jesús, este año.

Además de haber nacido en uno de los ocho barrios de esta delegación y ser mayor de edad; Eder Arreola- así como todo Cristo de Iztapalapa- no puede beber alcohol, fumar, tener tatuajes o perforaciones de algún tipo. Ni tener hijos o estar casado. Debe ser independiente económicamente y medir, al menos, 1.75 metros.

Sin duda, un Viacrucis para muchos que, en Iztapalapa, inició a golpe de las dos de la tarde. En este trayecto, se representan las tres caídas de Cristo. La primera, en la calle de Ayuntamiento y, las otras dos, en la Calle de Hidalgo y Estrella, donde cientos de nazarenos -niños y adultos- llevan a cuestas su cruz (de entre 15 y 90 kilos) y coronas de espinas, camino al Cerro de la Estrella, como guardianes de Cristo.

Esta tradición comenzó en 1843 después de que un brote de cólera – que mató a casi la mitad de la población en Iztapalapa- desapareciera milagrosamente tras venerar los pobladores imágenes de Cristo en varias ermitas del pueblo. La Pasión de Cristo se volvió tan importante que, en 1914, el General Emiliano Zapata prestó los caballos de su Ejército, así como ayuda económica, para su realización.

Cada año, más de 200 actores voluntarios representan la Pasión de Cristo.

 

 

Tags
Compartir
Share on FacebookGoogle+Tweet about this on TwitterShare on LinkedIn
Páginas amigas