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Change.org, ¿cómo funciona la plataforma del “cambio social”?

En la plataforma Change.org hay espacio para toda clase de peticiones ciudadanas, caben todas porque caben todas. Van desde el […]

En la plataforma Change.org hay espacio para toda clase de peticiones ciudadanas, caben todas porque caben todas. Van desde el mejoramiento de instalaciones públicas, la recontratación de un maestro que fue despedido, la detención de los Porkys, pasando porque cierto grupo sea telonero en un concierto masivo, la creación de una figura de Selena para el Museo de Cera, hasta la renuncia de Peña Nieto; el cielo es el límite y aquí no se discrimina ninguna.

“La plataforma del mundo para el cambio social”, el lema bajo el cual operan, tiene oficinas en 20 países y 5,000,000 de usuarios en el mundo. En México hay tres personas que trabajan en una casa en la Colonia Condesa. Leticia Floresmeyer, Coordinadora de campañas de Change.org, se sentó con nosotros para hablar sobre cómo funciona la plataforma, cómo miden el éxito de las propuestas hechas por los usuarios y el impacto concreto que han visto con algunas de estas iniciativas.

Change.org es una plataforma internacional constituida como una Asociación Civil (en México y Latinoamérica) que tiene un objetivo de cambio social. Cualquier persona que tenga conexión a internet puede iniciar una petición en la plataforma de Change.org, donde encontrará recomendaciones para elegir un título atractivo, consejos sobre qué lenguaje usar y cómo contar la historia para que tenga un mayor impacto en los lectores y que éstos firmen. Esa persona y los firmantes serán los encargados de compartir la petición en redes sociales, algunas llegan a ser tema en los medios de comunicación o a ser retomadas por líderes de opinión.

El usuario que comenzó una iniciativa es dueño de la misma y será quien mantenga al día a los firmantes de su petición con el desarrollo de su historia. Será quien decida si continuar con su iniciativa, la cancela, la transfiere a otra persona o la declara una victoria cuando considere que se ha conseguido lo que quería. Las 500 victorias que ha tenido Change.org en México, nos explica Leticia, sólo pueden ser declaradas por los usuarios. En realidad no existe una medición para el éxito de una petición: “El éxito de una petición depende de la petición en sí, o sea del tema que se quiera tratar. Por ejemplo, hace poco tuvimos una petición que firmaron 200 personas para pedir la reapertura de un grupo de 15 niños indígenas urbanos en una escuela en la colonia Roma que se iban a quedar sin poder estudiar y lograron reabrir el grupo. Eso es una victoria, no salió en los medios, no se habló mucho al respecto. En cambio hay otras peticiones que el simple hecho de que el tema esté en la agenda mediática ya es un tipo de victoria, el hecho de que se hable o se haga una iniciativa de Reforma de Ley ya es una victoria. Todo depende del caso de que se trate”, aclara.

Todas las peticiones son bienvenidas

Aunque primariamente están enfocados a temas de cambios sociales, Change.org permite que otras peticiones convivan en su plataforma, como las que tocan temas de entretenimiento. Leticia nos explica que aunque estén enfocadas a otros temas eso no cierra discursos y mientras las peticiones no sean ofensivas o difamatorias, no tendrían por qué bajarlas del sitio.

Al preguntarle si considera que permitir todo tipo de peticiones puede restarle seriedad a la página, nos aclara que ellos se ven como YouTube, donde hay libertad para cada uno haga su video y lo suba: “¿Quiénes somos nosotros para decir qué es importante o serio o no para la gente? Está abierto para que la gente lo decida. Lo que sí vemos es una inteligencia social: mucha más gente firma para la Ley de Protección de animales o para la trata de mujeres, pero igual hay otros temas que para alguien son muy importantes, entonces, adelante. Si esto es una herramienta que puede ayudar a eso, pues no tenemos por qué juzgar si eso resta o no a la misión”.

Floresmeyer nos narra que su filosofía es como la historia de David y Goliat: no puedes enfrentarte solo contra el gigante y es mejor intentar desmantelando los problemas. Ella se encarga de identificar peticiones que puedan ser “ganables”, porque tengan un objetivo concreto y que estén dirigidas a la personas correctas, en eso caso ayuda a los iniciadores de la campaña con asesoría para mover mejor sus iniciativas en redes, cómo lidiar mejor con los medios, dan asesoría personalizada y canalizan a los iniciadores con organizaciones si es necesario.

Participación fuera del clickactivismo

La plataforma de Change.org permite al iniciador de una petición descargar todas las firmas que ha recabado para hacer entrega de ellas. Un ejemplo fue el caso de Alberto Escorcia, un activista que convocó a sus firmantes afuera del edificio de MVS en marzo de 2015 e hicieron entrega de casi 200,000 firmas pidiendo que no fuera despedida la periodista Carmen Aristegui. Se reunieron más de 5,000 personas, “que es una convocatoria muy grande en la Ciudad de México, entonces también se reflejan de alguna manera en el mundo físico: las firmas tienen un valor simbólico con una fuerte repercusión”, dice Leticia.

También trabajaron durante seis meses con el Gobierno de la Ciudad de México en el proyecto de la nueva Constitución para la ciudad, incluyendo propuestas ciudadanas en el borrador final. En total fueron 13 propuestas ciudadanas que nacieron en Change.org las que quedaron en el borrador final. Durante sus jornadas realizaron talles en el Laboratorio para la Ciudad, donde dieron varias conferencias, conectaron a los iniciadores de propuestas con medios para dar entrevistas y trabajaron con ellos de cerca sus propuestas que tratan temas de maternidad, discapacidad, derechos LGBT, protección y tutela de animales y derechos digitales.

Con un acuerdo previo con el Gobierno de la ciudad pactaron que si una petición llegaba a las 1,000 firmas, la CDMX tenía que dar acuse de recibo; si llegaba a 5,000 el iniciador de petición se reuniría con tres miembros de la Asamblea Constituyente, y si llegaba a 10,000, la propuesta debía incluirse en el nuevo borrador de la nueva Constitución; algunas peticiones lograron recaudar 150 mil firmas. “Las posibilidades siempre existen para hacer muchísimas cosas, pero nos vamos inventando y reinventando en el camino con ese tipo de eventos”, concluye Floresmeyer.

 

 

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