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Cinco palabras que deberíamos dejar de usar

Ah, internet: la supercarretera de la información; la infinita posibilidad de tener acceso a toda clase de datos, ideas, herramientas, […]

Ah, internet: la supercarretera de la información; la infinita posibilidad de tener acceso a toda clase de datos, ideas, herramientas, análisis. Hay tantas cosas disponibles en la red que la súpercarretera ya es más bien un camino atascado de tránsito; muchas veces, nuestra milagrosa red absoluta se llena de ruido, de palabras que se repiten idénticas una y otra y otra vez por todos lados. Tal es el caso del siguiente glosario mínimo de términos que vemos por doquier y que, para nuestro gusto, deberíamos dejar de usar ahora mismo (a riesgo de provocar una horrible carambola).

 

  1. Millennial

Cómo la usamos hoy: “Los millennials empiezan a dominar el mercado laboral”. “Cómo hacer que los millennials te escuchen”. “¡Lo corrieron porque era bien millennial!”.

Qué creemos que significa: Niñato consentido, sabelotodo y un poco subnormal que no quiere trabajar en una oficina, sólo entiende si se le habla bonito y es incapaz de dejar el Whatsapp. O sea: un holgazán del nuevo milenio.

Palabras que deberíamos dejar de usar. Shutterstock.

Qué significa en realidad: En 1987, William Strauss y Neil Howe escribieron el libro Generations: The History of America’s Future, donde, tras describir a todas las generaciones anglosajonas desde el siglo XV hasta finales del XX, descubrieron (o forzaron) el modo en el que las generaciones fluyen de una a otra: a una apática le sigue una demasiado curiosa, y a ésta una demasiado rígida, etcétera. Bajo esa línea lógica, Strauss y Howe se aventuraron a definir generaciones que aún no “sucedían” (como a la Generación X, que por entonces estaba más o menos finalizando su adolescencia). Strauss y Howe bautizaron a la generación Millennial, los nacidos entre 1982 y 2000 (aunque los números varían), como la que empezaría a llegar a la vida adulta en los años inmediatamente posteriores al “turn of the Millennium”. Según ellos, esta generación estaría “volcada a lo cívico” e “influenciada por el constante uso de la tecnología”. Esta generación ha crecido como eso y como otras cosas: hay en ella una preocupación constante por la sustentabilidad y el cuidado del planeta, las nuevas formas de trabajo, la política liberal y sí, muchos se sienten “especiales”, superdotados, únicos (muchos de ellos fueron, de hecho, hijos únicos, criados por padres que lograron cierta bonanza y fueron capaces de darles todo y, más aún, de prometerles todo). De todo lo que se dice de los millennials, hay varias cosas que suelen dejarse de lado: primero, Strauss y Howe hablaron de una generación que en aquel entonces era hipotética; segundo, hablaban de una generación anglosajona (definida por eventos específicos en una cultura específica). Sin embargo, las características se han tomado por verdaderas y globales, y de algún modo lo han sido.

Se tiene que ir porque: Por un lado, la generación millennial es la primera que se definió a priori, y también fue la primera que tuvo una de sus definiciones originales en un anuncio (¿alguien recuerda ese spot de Pepsi con la Generation Next?): ha sido la primera generación de la historia estructurada como target antes de haber siquiera expresado cómo es en realidad. Además, esta palabra se ha vuelto el término protagónico para una suerte de cacería de brujas por parte de generaciones anteriores: “¿eres millennial? Entonces te odio de inmediato y asumo que eres un idiota”.

Podríamos cambiarla por: cuando quieras decir “holgazán”, di: “eres un holgazán”; cuando quieras decir: “gente menor de 30 años” o “nativos digitales”, di “gente menor de 30 años” o “nativos digitales”. En realidad, es tan fácil como aplicar el muy millennial recurso de la corrección política y la no estigmatización.

 

  1. Orgánico, local, sustentable

Cómo se usa hoy: “Esta carne orgánica es deliciosa… ¡y no daña al medio ambiente!”. “Mi camisa es mejor porque es de algodón local”. “Tres alimentos orgánicos que te curarán el cáncer”.

Qué creemos que significa: Por ser orgánicas, las cosas (no sólo los alimentos) son automáticamente más saludables, mejores para mí y para el medio ambiente. Por ser locales, son comercio justo. Y las cosas sustentables, bueno: las cosas sustentables se regeneran solitas.

Orgánico

Qué significa en realidad: Mucho de verdad hay en lo que creemos que estas palabras significan. Un alimento orgánico es aquel que no está procesado, que se manufactura u ordeña u obtiene sin agredir los modos naturales: el huevo orgánico viene de una gallina a la que no se le satura de antibióticos ni se le alteran los ciclos del sueño; la leche orgánica viene de vacas que pastan libres. Los productos locales son los que provienen de una zona muy cercana al comprador, y cuyo consumo incentiva la economía de los productores del área, además de mejorar considerablemente la calidad: en el ideal de la economía local, uno debería consumir sólo los productos al alcance, de modo que, por ejemplo, comer salmón en la Ciudad de México o queso holandés auténtico en Mérida sería imposible. En principio, un producto a la vez orgánico y local tendría que ser sustentable; sin embargo, para ser rigurosos, la palabra “sustentable” no se usa tanto para productos comestibles o de primer uso (como se haría con “orgánico” y “local”), sino para procesos, aparatos y materiales: se habla por ejemplo de casas sustentables (que no consumen más que agua de lluvia y que obtienen toda su energía de paneles solares, por ejemplo), pero no tanto de chorizo sustentable. El espíritu de las tres palabras es el mismo: aquello que sea orgánico, local y/o sustentable, tendrá un menor impacto negativo en el planeta…

Se tiene que ir porque: … lo cual es saludable para nosotros (porque, hey: sin planeta no podemos vivir); sin embargo, estas palabras se utilizan ya sin ton ni son, casi siempre como sinónimo de “saludable”, sin más detalles. Y eso es generalmente cierto, pero no hay que dejar de lado otros factores. Primero, lo que decíamos arriba: si de verdad comiéramos pura cosa orgánica, local y sustentable, otros aspectos de nuestras vidas no serían posibles, como la vida en las grandes ciudades. Lo local depende de ecosistemas económicos con escalas mucho más pequeñas y manejables; lo orgánico es incapaz de abastecer la demanda de 23 millones de personas concentradas en pocos kilómetros cuadrados. Tendríamos que olvidarnos de comer pescado en ciudades sin costa, cereales en ciudades con costa, etcétera. Además: hay productos que, si hubiesen sido siempre orgánicos, si jamás hubiesen sido sometidos a las demandas de enormes centros de población, serían todavía aborrecibles o directamente imposibles de comer —busca “maíz original” o “plátano original” en Google. Dulces sueños—.

Podríamos cambiarla por: “saludable”. Cierto: esta palabra tendrá menos impactos en notas de páginas web sobre salud, pero al menos no engañará a nadie.

 

  1. Hipster

Cómo se usa hoy: “¡Tus lentes están súper hipsters!”. “Pff, esa película es de hipsters”. “¿Eres vegetariano? Ay sí, ahora sí muy hipster, ¿no?”.

Qué creemos que significa: Personaje fanfarrón que se siente intelectual y moralmente superior, que se cree un paso adelante de todas las tendencias, mientras que lo único que hace es usar ropa estridente y moverse en inservibles bicicletas viejas. Ah, y le encanta hablar de las bandas que escucha y que nadie más conoce.

hipster

Qué significa en realidad: En los años 40, en Estados Unidos, emergió un grupo de jóvenes blancos que adoraban el jazz (tocado esencialmente por negros) y que intentaban emular el estilo de vida de esos músicos: su ropa, su lenguaje, sus sitios y sus modos. Esos clasemedieros blancos fueron bautizados como hipsters. Cuando se desvaneció la era del jazz, con ella esta subcultura, hasta que a finales de los años 90, en Nueva York, muchos jóvenes dedicados a trabajos creativos empezaron a mudarse a los barrios de trabajadores de mano de obra (sitios como Williamsburg, en Brooklyn, por ejemplo), y a emular una autenticidad idealizada (e, irónicamente, artificial). No sólo empezaron a romantizar la vida de barrio (sus restaurantes y pubs, sus barberías, sastrerías, tiendas de discos, etcétera), sino que empezaron a buscar su verdadera voz en lo retro y lo vintage. A esta tendencia que anhelaba la autenticidad (que pronto se convirtió en el ya muy sobado “me gusta una banda de la que seguramente nunca has escuchado hablar”) se le sumó otra: la del transporte sustentable, el consumo local y orgánico (ver el punto número 2 de esta lista). Eso, más el uso intenso de redes sociales como plataforma de la exposición de uno mismo y la necesidad de generar sus propios espacios de trabajo tras la crisis de 2008, generó una subcultura ciertamente vanidosa; según el punto de vista de muchos hipsters, ellos están adoptando un estilo de vida más responsable que sus conciudadanos, lo cual es probablemente cierto… si se tiene, como la mayoría de ellos, un nivel económico que permita comer tocino de producción local en vez del que venden en el súper, o vivir en un barrio céntrico y cosmopolita donde sea posible llegar a todos lados en dos ruedas.

Se tiene que ir porque: No sólo la subcultura en cuestión ha evolucionado (nada menos hipster que un hipster que dice usar gafas oscuras hipsters), sino que el término parece sólo abarcar aspectos externos de esa subcultura: sus modas, sitios, decoraciones, filias gastronómicas.

Podríamos cambiarla por: “Bohemio” (que, de hecho, fue la primera palabra con la que se denominó a esta subcultura, allá en los años 90), “estridente”, “pseudointelectual”, “pretencioso”, ¿”wannabe”?

 

  1. Viral

Cómo se usa hoy en internet: “Mijita, tu tía Liz ya viralizó tu foto de la fiesta”. “Queremos que la agencia nos haga unos contenidos muy viralizables”. “¡Vi que tu meme se hizo viral!”.

Qué creemos que significa: Algo en Internet que se hace muy popular muy rápidamente.

Viral

Qué significa en realidad: Justo eso. Sin embargo, la idea de “lo viral”, que parece tan propia de la naturaleza de Internet, es un concepto absolutamente sobrevaluado. Si trabajas en medios, lo sabes: los clientes suelen pedir “contenidos” (lo que sea que eso signifique) “viralizables”, con lo cual quieren decir: cosas que vea muchísima gente. Eso, por un lado, cada vez significa menos en la Red: en el interminable mar de nuevos “contenidos” (lo que sea que eso signifique), incluso los que más se ven suelen olvidarse rápidamente. Más que la alta visibilidad, lo que hace importante al marketing de contenidos (esto sí tiene un significado más o menos preciso: marketing de contenidos es, según Wikipedia, “crear y distribuir contenido relevante para clientes y potenciales clientes con el objetivo de atraerlos hacia la empresa y conectar con ellos. No es, por tanto, contenido promocional, sino útil y relevante para los usuarios”) es la habilidad de penetrar en distintos ámbitos sociales. Es decir: si mandaste un meme a tus 250 contactos del “whats” (por cierto: decir “el whats” en vez de “Whatsapp” no está en esta lista porque lo consideramos demasiado evidente. Pero por favor: no digas “el whats”), ese meme no fue viral; es realmente viral si ese post publicado en el feis (Por favor: no digas “el feis”) es compartido muchas veces. Algo verdaderamente viral es algo que publicas y, aunque reciba apenas dos likes, dos horas más tarde es republicado por alguien que tú no conoces y que está completamente fuera de tu burbuja. Por decirlo de alguna manera: así como el auténtico éxito de un cantante de pop se mide en la cantidad de discos pirata en los que aparece su sencillo, el éxito de un meme es la avidez con la que es pirateado por desconocidos (por cierto: desde aquí levantamos la voz para rebelarnos contra el uso de la palabra “meme”. Por favor, deja de abusar de la palabra “meme”).

Se tiene que ir porque: Aunque la sensación de usar Internet nos indique que tener likes es ser popular es ser exitoso es trascender, un contenido viral no es necesariamente más pertinente, o más útil, o más memorable o, para el caso, más verdadero. Algo se hace viral porque atiende a las mínimas reglas de la estadística (igual que los ganadores de una democracia), y las cosas promedio suelen ser desechables. Además: viral es una palabra espantosa. ¿Sabes qué es lo más viral del mundo? Un virus.

Podríamos cambiarla por: “Relevante”, “Popular”, “Coyuntural”. Vaya: hay un montón de palabras que no remiten a una pandemia.

 

  1. Redes sociales

Cómo se usa hoy: “Te mandé un twitter a tu facebook”. “Fulanita es súper famosa en redes sociales”. “Los chavos ya no conviven entre ellos, se la pasan en las redes sociales”.

Qué creemos que significa: Las tres o cuatro plataformas de moda en las que todo el mundo se conecta desde su celular (Facebook, Twitter, Instagram, Pinterest, Vine, Snapchat…). O, según la tía Liz: el fin de las relaciones humanas.

Redes sociales

Qué significa en realidad: Las redes sociales son una de las cimas más visibles de la Era de la Información: a través de ellas hemos hecho de Internet una auténtica extensión de nuestra vida y de nuestra sociedad. Hasta antes de Facebook (ejem, de Hi5… bueno, ok, de myspace), Internet era una suerte de biblioteca interminable que estaba allí para ser consultada; las redes sociales han hecho de la Red un espacio para ser habitado. Para ser justos, esto comenzó con los blogs y otras herramientas que permitieron no sólo acceder a la información, sino producirla y publicarla (y, hay que decirlo, también pervertirla: dar voz a todos es también dar voz a los que van a decir idioteces y mentiras o a los que van a hacer ruido o a los que van a hacer daño). La llegada de las redes sociales ocurrió de manera oficial cuando empezamos a relacionarnos a través de ciertas plataformas: el poke de Facebook, sí, pero antes el chat de ICQ, los foros de Starmedia, etcétera. No, las redes sociales no nos aíslan (o al menos no que sepamos: habrá que ver en algunos años cómo nos afecta psicológicamente el tener una vida de carne y hueso y otra dedicada a hacer duckface frente a la cámara); sí, a veces sí nos dan fama (o fama aparente o fama inmerecida o fama auténtica); no, no sustituye el roce humano, todavía.

Se tiene que ir porque: La expresión “redes sociales” constituye un concepto que ya no se va a ir nunca: las redes sociales serán parte cada vez más integral de nuestras vidas, mientras el uso de la tecnología se vuelva más amplio. En pocos años, el internet de las cosas será un asunto cotidiano (todos los objetos a nuestro alrededor estarán contectados a la Red: desde el refri, que nos enviará al smartphone la lista del súper, hasta nuestra chamarra, que nos indicará que el clima de afuera sí amerita que la llevemos con nosotros), de modo que las redes sociales no serán un asunto de pantallas y videos, sino algo que ocurrirá con naturalidad asombrosa. Cuando seamos capaces de enviar al instante una foto directo a la retina de nuestros amigos, será ridículo decir que se las enviamos a través de una “red social”. La terminología se volverá sencillamente obsoleta.

Podríamos cambiarla por: qué demonios: la vida misma.

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