Ciudad Kinky

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por Andrea Mireille

La siguiente es una crónica de Andrea Mireille, quien durante varias noches recorrió los pasillos del erotismo urbano y comprobó la máxima capitalina: “Lo cortés no quita lo caliente”.

Pasan de las ocho. A esta hora la mayoría de las personas está atrapada en el tráfico, embutida en el transporte o cenando frente al celular. Aquí se viene a tener sexo, no sólo se intercambian fluidos: también parejas.

Una auténtica pirinola sexual: todos dan, todos ponen.

Pese a su nombre, la calle de Delicias está llena de edificios anodinos y poco sugerentes. Uno de ellos, StudioSw, recibe cada miércoles a swingers entusiastas en sus tardeadas. Hugo, uno de los dueños del lugar, me dice las reglas mientras recorremos el lugar: está prohibido tomar fotos o video. Puedes acercarte, mirar, tocarte; si vienes solo las parejas deben invitarte, si no estás interesado debes decir, no, gracias y las más importantes: nadie hace nada que no quiera y no es no.

El club contrasta con el exterior: es grande, cómodo y agradable. Los cuerpos se menean en la pista a ritmo de salsa. Unos miran atentamente las películas pornográficas en la pantalla mientras sorben su trago de cortesía. Como los demás, recorro el lugar con la mirada buscando alguien que me guste. Muy pronto me doy cuenta de que esta no será mi noche.

Al poco rato las parejas empiezan a internarse en los cuartos oscuros, los hombres solos, mi guía y yo vamos tras ellos. Sobre uno de los sillones hay una mujer acostada: los hombres forman un círculo alrededor de ella y toman turnos para probar esa boca. El inconfundible sonido de la succión se escucha a unos metros de donde conversamos; algunos más se integran, otros solamente se masturban, observan a lo lejos, no se deciden a acercarse.

Unos más empiezan a pararse cerca de donde estamos. Le pregunto a Hugo por qué no entran.

—Están esperando, creen que vas a participar—, responde divertido.

Unos intensos gemidos femeninos nos llevan a otro de los cuartos. Aquí todo mundo tiene oportunidad, pues es totalmente oscuro. La miopía me impide distinguir lo que ocurre; pasados unos minutos, distingo una masa, agitándose en la penumbra. La mujer sube y baja rápidamente sobre un hombre, sus manos frotan un par de penes, y por el hombre que está cada vez más cerca seguramente pronto tendrá ocupada la boca.

Me interno un poco más para observar mejor y otra pareja llega a la habitación; mientras se besan, el hombre me toca el hombro y empieza a bajar por mi brazo. “No, gracias”, exclamo. El deseo parece no entender y vuelve a intentarlo; no, gracias, repito entre risas mientras avanzo a la salida. Alguien más me toca por la espalda, reitero el agradecimiento. “Perdón”, ataja cortésmente el desconocido.

Pasan de las once y la gente sigue llegando. Mientras Hugo los recibe, Criss, otra de las socias, me cuenta que el movimiento swinger tiene aproximadamente 25 años en México. Asegura que las mujeres son las más beneficiadas, no sólo porque hay mayor oferta para ellas, si no porque la mayoría de los esposos van a las reuniones para complacerlas. También señala que percibe un cambio en la mentalidad femenina, pues constantemente le dicen: “de que esté con otras y yo me quede en casa esperándolo, pues mejor vamos y disfrutamos los dos”.

Ambos aseguran que aunque llegan a verse parejas veinteañeras, son las personas mayores de 30 años y de hasta 55 los que asisten con mayor frecuencia, pues quieren probar el sexo grupal, hacer algo diferente; desean conservar el vínculo emocional, pero tener otras parejas sexuales y así llevar mejor el hasta que la muerte los separe, lo que sin duda debe ser más fácil cuando puedes cogerte a quien tú quieras.

Gente ha ido, regresado y se ha venido en los cuartos. Algunos en cuanto entraron fueron devorados por la oscuridad y no volvieron a salir. Debido a que es tardeada, todo está más tranquilo, según los propietarios; son los fines de semana cuando se llegan a ver imágenes como las que ilustran los libros de Sade. La noche se enfría, pero el local no se cierra hasta que haya ocurrido el último orgasmo y es que, como bien dice Hugo, a nadie le gusta ser interrumpido.

Espacios culturales-eróticos

Los swingers no son los únicos que se divierten entre semana. La noche del jueves me reúno con los miembros de Café al desnudo en el Espacio Cultural Milwaukee 61

El silencio no evidencia fiesta alguna, unos pasos adelante, todo se transforma; por la iluminación, los antifaces y la gente desnuda, parece una escena de Eyes Wide Shut. Me dan una bolsa para mi ropa y un trozo de tela para sentarme. Tras la sorpresa inicial, avanzo entre todo tipo de cuerpos y genitales expuestos, me quito la ropa sin más. Aunque el evento no es de carácter sexual, lo erótico nadie nos lo quita, la atmósfera es sensual; contemplo las piernas, las nalgas y los penes que van de un lado a otro, sin nada que los resguarde o los oprima.

Todos están relajados, alegres y ya nadie se cubre el rostro. La velada transcurre entre tragos, café, comida, charla y lectura a micrófono abierto. Más tarde algunos asistentes posaron para un dibujante; además había body paint al servicio de todos.

Decidí decorarme los pezones. La encargada del arte corporal me comentó que es mejor pintar sobre cuerpos que en lienzos, pues la pintura se desliza mejor. El cosquilleo se hacía más intenso a cada trazo. Quedé muy satisfecha con los corazones que me hizo en cada teta.

Como cada reunión esta finalizó con una foto grupal.

Vestidos somos unos y desnudos, otros, o al menos eso fue lo que se sintió cuando salimos del lugar.

Drag queens, alcohol y rock & roll

Viernes, zarpo hacia Puerca, antro gay que realiza fiestas temáticas y show de drag queens cada semana. Desembarco en la Sailor party: sudor, marinos fornidos, calientes que te dan shots gratis. ¿Quién regala alcohol en estos tiempos?

Los marinos invitan a los asistentes a bailar con ellos, les tocan el pene, los cargan, se frotan contra ellos. Algunos chicos demuestran timidez, otros sólo la fingen y terminan agarrando lo más que pueden.

El baile arrecia, llega el momento drag, su presencia ya es un espectáculo por sí mismo y se agradece que no sea el típico show de imitación de Alejandra Guzmán o Thalía, la gente enloquece. Todavía con su atuendo marinero los strippers andan por todo el lugar. Me pongo a platicar con dos de ellos, uno además es escort y está a punto de concluir su licenciatura en Psicología, otro está por concluir Derecho y me dice con mucho énfasis que esto es temporal, con el cuerpo que tiene y la realidad mordiéndonos a todos allá afuera, debería pensarlo un poco más.

Me dan sus números “por si se ofrece”. El futuro psicólogo sigue mirándome, hablándome y tocándome; me despido antes de que me ofrezca sus servicios sexuales, probablemente incosteables para mí. A las doce y ya con unos alcoholes muchos flirteos se transforman en besos y manoseos. Los más aventurados entrarán al hot room y le darán gusto al cuerpo de la una al cierre. Mientras otro drag y todos los demás bailamos, la primera pareja empieza a escabullirse.

La cultura de la diversidad

Fin de semana. Mientras unos se curan la cruda, surten la despensa, o comen tranquilamente con los suegros, nosotros estamos listos en nuestros pupitres para aprender sobre squirting, el mítico chorro que lanzan las mujeres en el porno y que según datos de Pornhub, está entre las diez categorías más buscadas del género.

Impartido en el Centro Cultural de la Diversidad, en la colonia Roma, el curso incluye teoría y práctica. Somos un par de parejas, una dupla madre e hija, un hombre sin compañía y yo, en la misma situación. Eduardo Flores, mejor conocido como Takumi Shibari, empieza la sesión y remarca que la fase práctica es opcional; también le recuerda al solitario que no le será permitido quedarse una vez que debamos aplicar nuestros conocimientos.

Takumi es gracioso, desenfadado, explica todo de manera sencilla y con la vulgaridad precisa para que los asistentes pierdan la pena. Nos habla de las glándulas de Skene, también consideradas la próstata femenina —el debate respecto al nombre y la funcionalidad continúa— éstas tienen como función la fabricación y excreción de diversas sustancias en el organismo, en el caso de la eyaculación femenina expulsan agua, sodio, creatinina, glucosa, fructosa y sí, un poco de orina. El fluido puede salir suavemente, en cascada o a propulsión tal que puede decorar paredes o bañar al acompañante.

Después de mostrarnos unos cuántos diagramas y explicarnos el movimiento de los dedos (señal de ven), llega la hora de la práctica. Sacamos nuestras toallas, lubricante, nos colocamos en cuclillas y de espaldas a la pared. De pronto me doy cuenta de que estoy metiéndome los dedos frente a él en un salón lleno de desconocidos; presionando un poco más de lo habitual, siento de inmediato mi “próstata”, empiezo a mover los dedos y siento varias veces que estoy a punto de lograrlo, pero no lo consigo.

Takumi pregunta si tenemos dudas, cada tanto se acerca a las parejas para ver cómo van. Como buen maestro pide paciencia, así como evitar la frustración. Gemidos inútilmente disimulados se escuchan a lo lejos, otra pareja ha usado tanto papel higiénico que resulta increíble que no haya salido nada. A pocos metros madre e hija tampoco lo consiguen, por lo que ante la solicitud de la joven el maestro ofrece su ayuda.

Pasan más de 20 minutos de asistencia profesional y la chica no lo consigue, nadie lo hace. Quedan apenas un par de minutos y es mi turno para recibir ayuda. No puedo irme sin lograrlo. En cuanto me penetra sé que voy a conseguirlo, los gemidos se mezclan con la risa. Bastaron un par de minutos y unos dedos masculinos para lograrlo, siento una humedad abundante; unas gotas se esparcen por el plato que nos dieron.

Me quejo de que no salió como en el porno. Todavía con los dedos adentro, se ríe y explica que no siempre es así, especialmente si nunca se ha tenido espontáneamente.

En la esquina del salón una mujer le reclama a su apenado novio.

—¿Ves?, debimos seguir intentando.

Ataduras y desataduras

Takumi también imparte cursos sobre el arte de las ataduras eróticas o Shibari, en Japón. Las ataduras se usaron como método de tortura, principalmente durante el periodo Edo, actualmente son una práctica habitual de la comunidad BDSM. Hay parejas, grupos de amigas y hombres solos, con los que me toca trabajar. Platicando con ellos, me entero de que son fans del anime y que su objetivo es sorprender y complacer a sus novias. Me pregunto porque jamás he tenido tal suerte.

Contrario a lo que parece, no es una práctica dolorosa, es muy placentera; la presión sobre el cuerpo es increíble. Según se nos explicó, las ataduras y suspensiones en el aire pueden provocar sueño, relajación e incluso estados alterados. Requieren complicidad, confianza y respeto, entre los participantes, hay que ser paciente y muy hábil con las manos, así que sólo fui útil de modelo, mis intentos fueron un desastre y de todas las presentes, únicamente una mujer logró atar a su novio a la perfección.

Eso no es todo, como parte de las actividades del Instituto Mexicano del Shibari y la Bondage School México, la llamada Lascivious Party se lleva a cabo una vez al mes, aunque al principio todos parecían apenados, el body gourmet revivió a los participantes, todos querían pasar a comer del cuerpo de Shizuko Shibari, quien también es pareja del organizador.

Después de la competencia de camisetas mojadas, lucha en aceite, llegó el baño de leche; para ello las participantes desnudaron a los encargados de rociarlas. La leche cae por los cuerpos y las bocas simulando una potente eyaculación, si verlo en el porno resulta peculiar de cerca es divertido, las mujeres son las más divertidas, gozan y muestran sus cuerpos sin ninguna inhibición. Todos los asistentes toman foto y video extasiados.

Tras un performance que sacó de onda a unos y divirtió mucho a otros, presenciamos una sesión de shibari y bondage en vivo. Con los Yoshida Brothers a tope, la demostración fue lo más increíble de la noche. Antes de comenzar Takumi explica que las cuerdas son las que guían, ellas deciden que es lo que hará.

La rapidez, la habilidad y el manejo son impresionantes, las cuerdas se desplazan y forman toda clase de figuras y decoraciones en el cuerpo de Shizuko, quien simplemente se deja llevar. Verla suspendida en el aire nos comprueba la belleza del cuerpo, de las ataduras y lo que se nos dijo de los estados alterados, pues era claro que ella no estaba allí.

Ya bien atada, fue azotada; todo culmina con la inserción de agujas, un proceso del que por más que intentamos no pudimos desviar la mirada, el resultado final fue un corsé en su espalda desnuda. Una vez que termina la lluvia de aplausos se improvisa una sesión de spanking. Lo de improvisar es un decir pues el spanker iba muy bien preparado con su kit de utensilios, se podía ver claramente a esas enormes nalgas lastimadas, y a la spankee muy complacida. No podía faltar, desde luego, la foto grupal.

Respeto, tolerancia y comunicación

Si lo anterior resulta demasiado Diversex y Placer y sexualidad positiva ofrecen pláticas sobre masturbación, juegos con cera, así como talleres de masaje en pareja y mucho más.

Lo que no deja de sorprender a los ajenos a estas prácticas es la amabilidad, el respeto y la complicidad que requieren estos actos. En todos los eventos encontré más respeto, tolerancia y comunicación que afuera; en ningún momento hubo acoso, momentos desagradables o miradas crudas por lo que hay mucho que aprender de estas comunidades en cuestiones de respeto y consenso. No hay que olvidarlo: lo cortés no quita lo caliente.

Pese a la ola de conservadurismo que ataca al país, la ciudad goza de excelente salud sexual, sólo hay que explorar sus zonas erógenas y disfrutar. La ciudad anda caliente, más kinky que nunca y nosotros con ella.