¡Dale, dale, dale!

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por Think Tank New Media

Ahora las hay de todas formas, tamaños, colores, técnicas; las hay con forma de Donald Trump, de Spiderman, de Diablito, de cartón, pero aún existen las más tradicionales de olla de barro y picos como estrellas. En cualquier caso, hay diferentes versiones sobre el origen de nuestras coloridas piñatas, esos bultos en los que descargamos nuestra ira con golpes hasta romperlas en los cumpleaños y, por supuesto, en las posadas decembrinas.

Algunos dicen que fue el viajero y comerciante veneciano, Marco Polo, quién después de sus viajes por Oriente tomó la idea y la llevó primero a Italia y después migró hasta España y de ahí a México (o la Nueva España). En China, como parte de las celebraciones de año nuevo y para recibir la primavera, se hacían figuras de vacas y bueyes rellenadas de diferentes semillas, las cuales caían en cascada cuando el bulto era golpeado con varas de diferentes colores. Una vez vacía se quemaba el cascaron y las cenizas eran consideradas de buena suerte.

Otra versión sostiene que en tiempos precolombinos, los Mayas ya tenían un prototipo similar a las piñatas actuales y que en celebraciones religiosas llenaban con semillas y cacao una olla de barro e intentaban romperla con los ojos vendados, simbolizando la abundancia.

Lo cierto es, a final de cuentas, que en tiempos coloniales las piñatas fueron utilizadas como medio de evangelización. Los frailes españoles las usaban para cambiar la cosmogonía indígena a través de un juego que podía resultar entretenido. El significado religioso está en los elementos decorativos que conforman la piñata, hecha a partir de una olla de barro, rellena de frutas y dulces de temporada, y decorada con papel de colores llamativos (asociados con la tentación) y con siete picos que simbolizan los siete pecados capitales. El acto de romper la piñata con los ojos vendados representa un acto de fe y la recompensa (la fruta en el interior) es haber vencido al mal y no abandonar la lucha contra el demonio. Los dulces y frutas son los dones y regalos celestiales.

Así que, pues no nos queda de otra que pegarle a la piñata.