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Del mismo lado

Una de las señales inequívocas de que nuestra civilización no tiene remedio y que su inevitable final llegará más temprano […]

Una de las señales inequívocas de que nuestra civilización no tiene remedio y que su inevitable final llegará más temprano que tarde, es una que podemos ver a diario en cualquier restaurante de la Ciudad de México y, no nos engañemos, del mundo.

Lo veo todos los días y no puedo comprender la lógica —si la hubiese— de una decisión tan absurda. Es algo tan común, además, que mucha gente se sentirá aludida; y si sienten la necesidad de explicar su comportamiento, no lo hagan, no vale la pena. Estoy hablando de esa manía de muchas parejas que, a la hora de sentarse a comer, tomar un café, una copa o lo que sea, deciden hacerlo del mismo lado de la mesa, con sus miradas en paralelo viendo en lontananza. ¿Qué es lo que están pensando? ¿Será adrede para no verle la cara a su pareja? Y si la respuesta es que aprovechan para estar más juntos, debo decirles que si en una relación adulta con otra persona no pueden separarse medio metro mientras comen, tienen serios problemas.

Puedo entender —no justificar— este tipo de comportamiento cuando se trata de un par de adolescentes, quienes rebosan de hormonas, tienen poco tiempo para estar con sus parejas porque se deben aún a las reglas de su familia y, por supuesto, no tienen un espacio propio donde estar tranquilamente ni dinero para pagar un hotel. En estos casos, puedo entender el apremio, la necesidad, aunque pienso que, en todo caso, estarían mejor en el cine y no en un restaurante.

Hay otros casos en que una televisión delante de los comensales podría despistarles, distraerles de lo importante y tener esta ilusión de estar juntos viendo la tele; me parecen los casos más tristes aunque probablemente más honestos, ya que ambas partes coinciden en que no tienen mucho qué decirse y prefieren perderse en el televisor. Pero en ocasiones, uno puede ver a la pareja, sentados del mismo lado de la mesa, como si se tratara del público de un espectáculo que está en una pared delante de ellos o una ventana cuyo reflejo impide la vista a la calle —quizá, en el caso de la ventana, el espectáculo sea la lenta descomposición de ellos mismos— .

Ustedes me disculparán, pero no puedo entender eso. Es una práctica tan extendida, que llegué a pensar que sólo yo veía el absurdo y eso, en tiempos de la posverdad, lo único que puede significar es que el del error soy yo. Sin embargo, buscando una fotografía para esta publicación me encontré con otras personas que ven el absurdo. Hay, incluso, una página de Facebook que documenta con fotos a los llamados same side sitters. Uno puede encontrar en las fotos de esta página, imágenes como la que ilustra esta publicación (una pareja que no sólo se sienta del mismo lado, además renuncian a una buena vista: será que se están castigando a sí mismos). Sin embargo, lo mejor de este sitio quizá sea la definición de los same side sitters: Un grupo de comensales intrépidos, parejas frecuentemente, que se rehúsan a comer cómodamente y prefieren sentarse codo con codo en una mesa o un gabinete.

El fenómeno me supera, lo reitero, porque si de ignorarse se trata, en esta época es más fácil hacerlo con el teléfono móvil. Ya no hay necesidad de sentarse lado con lado para no verse el rostro, basta con coger el teléfono y perderse en la inmensidad de Facebook, viendo probablemente las nuevas fotos que haya subido same side sitters o cualquier otra cosa. En todo caso, será una costumbre anacrónica.

En caso de que decidan enmendarse, aquí les dejo un diagrama que puede servir de algo.

booth-seating

Lo que sí debo decirles es que el hecho de que se sienten del mismo lado de la mesa con sus parejas, da la impresión —al menos— de que no están del mismo lado en la vida. Qué ironía.

Entrada original en Diario de un Jeiter: https://diariodeunjeiter.wordpress.com/2017/03/06/del-mismo-lado/#more-6241

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