El amor en los tiempos del capitalismo

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por Florencia Molfino

shutterstock_271828373Para encontrar el amor, dicen, hay que invertir tiempo y energía, lookearse y saber venderse. Por si fuera poco, tener una cita no es gratuito y ese gasto puede ser del todo infructuoso. Riesgos del mercado amoroso. A la escritora norteamericana Moira Weigel le dio curiosidad cómo los medios apuntaban al fin de las citas tradicionales por culpa de la tecnología. Los titulares alarmaban a los lectores con mensajes lapidarios sobre el fin de la forma en que siempre habíamos hallado el amor fortuitamente en los clubes, trabajos, bares… El problema es que ese “siempre” no era tal.

Luego de una larga investigación que la condujo por los caminos de la economía y también de la historia romántica del último siglo en Estados Unidos, Moira Weigel escribió Labor of Love (Farrar, Straus and Giroux, 2016), un libro aún sin traducción al español, en el que analiza cómo el crecimiento del capitalismo a comienzos del siglo XX creó y sigue modificando el modo en que nos relacionamos románticamente.

Hasta el siglo XIX, dice Weigel, los matrimonios eran arreglados o el cortejo era supervisado por alguna autoridad moral externa a los interesados, como la familia o la iglesia. El surgimiento de las citas románticas tuvo su raíz en el empoderamiento económico que significó para las mujeres la salida al mercado laboral y evolucionó al ritmo de la economía de cada momento: “Por ejemplo, en los años 50, cuando había pleno empleo, se hablaba de que se debía tener una relación a largo plazo, mientras que en los años 60 y 70, la gente comenzó a hablar sobre el amor libre, en un momento en que economistas como Milton Friedman comenzaban a abocar a favor de la idea de la desregulación del mercado”, explica la autora.

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La clave del hallazgo de Weigel estuvo en el lenguaje: “En inglés, mucho del slang que usamos para hablar sobre las citas es económico: estás en el mercado, fuera del mercado; tienes amigos con beneficios, [una relación es] difícil de obtener, decimos ‘hay que trabajar en la relación”. Me interesó el slang y cómo lo que sentían muchos de mis pares millennials sobre sus vidas amorosas se parecía a lo que sentían con respecto a sus vidas laborales: estaban ansiosos porque sus ‘prospectos’ eran escasos y sentían que no podían comprometerse a nada ‘a largo plazo’, tal como se siente un becario o un freelancer”.

Quizás lo que vuelve más tangible este hecho es la tecnología: las apps y sitios web para conseguir pareja van ganando terreno a la vez que crean una revolución en la forma en que conectamos con otras personas, así como en el surgimiento de la necesidad de “mercadearnos”. “Las plataformas que usamos para trabajar y para conocer gente son muy similares: Tinder es como un Uber o un TaskRabbit pero para citas, funciona bajo los mismos principios”, explica Weigel y si bien reconoce los aspectos positivos que ofrecen, sostiene que “hacen mucho más fácil tratar a los otros como si fueran desechables, además de hacerte sentir que conocer a alguien es un trabajo permanente para el que hay que estar siempre disponible, como el correo de nuestro ‘trabajo real’”.

Según el think tank Pew Research, en 2016 27% de los jóvenes estadounidenses de entre 18 y 24 años usa algún medio de relacionarse vía online, contra el 10% que lo hacía en 2013: es una tendencia en aumento y algo más: no está restringida a un territorio. Cada vez más en Latinoamérica se extiende el uso de plataformas como Tinder y en Europa, comenta Weigel, muchos de sus entrevistados comentaron que hace unos cinco años casi nadie hacía una cita a través de internet, algo que ahora es frecuente.

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Así, no es casual que en los tiempos que corren haya una sensación generalizada de desamparo e inseguridad alrededor de las relaciones, al fin y al cabo la inestabilidad laboral causa la misma ansiedad acerca del futuro: “Como en el resto de la vida económica, las citas se están volviendo más flexibles, para bien y para mal. Vemos un incremento de la tolerancia hacia cosas que eran consideradas inadmisibles, que estaban estigmatizadas como las relaciones LGBT, o mujeres que no se quieren casar, o gente que quiere conocer a alguien para casarse que no pertenezca a su grupo racial, social y religioso. Lo malo: todo el mundo se siente más precario”.

Labor of Love no es un libro de consejos amorosos, por eso le pregunto a Weigel qué le diría a sus lectores, en particular a las mujeres, que suelen ser el blanco fácil de la industria romántica (con la autoayuda ocupando el primer lugar) y sus sucedáneos (belleza, moda…): “La industria de las citas también, como las otras, se beneficia de nuestra ansiedad. Tal vez pensamos que las apps como OkCupid o Tinder son gratuitas, pero cuando las usamos hacemos dinero para sus propietarios: nuestras fotos posteadas, likes e intercambios generan una data valiosa para ellos, así que tienen el incentivo para hacer que los hombres y mujeres sientan como si tuvieran que estar participando en ese mercado todo el tiempo, trabajando para venderse a sí mismos”, dice Weigel y agrega: “Creo que lo mejor que podemos hacer es tratar de tomar esta presión con calma. Claro que las mujeres no necesitan [imperativamente] a un hombre ni necesitan mercadearse a sí mismas. Irónicamente, creo que reconocer esto y alejarse de la presión de los medios y las corporaciones, es el primer paso para poder encontrar una relación que pueda hacerte feliz”.

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