El arte de hacer máscaras de lucha libre

Blue Demon

Coco Dark

Coco Rojo

Dr. Wagner

Escorpión Dorado

Hijo de Septiembre Negro

Ice Killer

Mil Máscaras

Centinela de la Muerte

Solitario

Gran Markus

Trampo Happy

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Foto y texto: Cecilia Suárez

Muy cerca del Monumento a la Revolución, en el centro de la Ciudad de México, se celebró un encuentro entre luchadores, mascareros y coleccionistas. Además de homenajear la trayectoria de algunos, los luchadores ofrecieron al público coloridas máscaras, uno de los sellos icónicos y distintivos de la lucha libre mexicana.

Pedro Rosas es un artesano de descendencia japonesa que se dedica a la elaboración de máscaras profesionales de lucha libre de tiempo completo. Entre sus clientes figuran Coco Rojo, Águila Solitaria, Rambo y Súper Pinocho. entre otros. Para Rosas es un honor que los luchadores lo busquen para que haga sus mascaras: significa casi lo mismo que sentía un herrero cuando le era encomendada una espada por un Samurái.

Rosas nos cuenta que en un inicio las máscaras eran elaboradas por zapateros y que estaban hechas de piel de res o ternera, como los zapatos. Esta máscara rígida tenía que irse amoldando poco a poco e incluso a veces los luchadores las mojaban antes de pelear. El sello distintivo era que las pintaban de colores, dependiendo de cada quien. El Santo, el Enmascarado de Plata, fue el primero que comenzó a innovar en los adornos, usando tela y piel.

Para mantener viva la tradición, Rosas las hace a mano, utilizando poliéster, una tela resistente pero a la vez colorida, porque así protege mejor la identidad del luchador. “Yo no utilizo lycras, como la mayoría de los mascareros actuales. Entiendo que todo vaya evolucionando, pero no me gusta porque no siento que brinde la protección necesaria para resguardar una incógnita como se hacía antes”, confiesa.

Rosas, quien realiza personalmente todo el proceso de elaboración él mismo, tarda aproximadamente dos días en hacer una máscara por el nivel de exactitud que requieren los tamaños y las proporciones para que la imagen del luchador sea siempre la misma. El precio de una comienza en los 1,500 pesos en adelante y tiene un tiempo de vida de cinco meses, de uso rudo y constante.

En el mundo de las luchas, tan hermético, aprender a hacer máscaras es en ocasiones un conocimiento que sólo se transmite de generación en generación. Rosas asegura que es un honor que debes ganarte: “Si acepto hacer una máscara es porque voy a poner todo de mí. Hay muchas que he rechazado porque hay materiales que no uso de ninguna manera. Todas mis máscaras son mis favoritas, porque las elaboro con el mismo amor”, dice.

Las máscaras, como la lucha libre, son apasionantes. Ricardo González es un exfisicoculturista que conoció al luchador Coco Rojo en una competencia. Gracias a él se adentró en el mundo de las luchas y así también comenzó una colección de máscaras. La que más atesora, por ser su ídolo de la infancia, es una que le autografió el gran Tinieblas. Es la por la que ha pagado más dinero, le costó 4,500 pesos. Actualmente su colección personal cuenta con más de 90 ejemplares.