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El fracaso nunca fue tan divertido

Cada mes en la Ciudad de México tres empresarios exitosos cuentan sus fracasos profesionales en una especie de terapia para […]

Cada mes en la Ciudad de México tres empresarios exitosos cuentan sus fracasos profesionales en una especie de terapia para emprendedores con tintes festivos.

 

No es una fiesta ni una junta de negocios, las FuckUp Nights son reuniones que oscilan entre el precopeo y una conferencia magistral. Cada mes, desde hace cuatro años, se reúnen personas de todas las edades a escuchar a tres exitosos empresarios hablar sobre sus fracasos profesionales, una especie de terapia grupal entre el mezcales y cócteles, donde los asistentes

buscan explicaciones para entender por qué su negocio no funcionó.

Las sedes de las FuckUp Nights suelen ser lugares trendys con trasfondo, a veces contraculturales. De las 45 noches de fracaso que ha visto la Ciudad de México, fue la del segundo aniversario la que reunió a una mayor cantidad de gente en el Salón Ángeles, donde 1,500 personas escucharon los fracasos en la vida profesional de Martha Debayle, Baxter y Villano Quinto.

Cuando decides emprender un negocio, hay muchas cosas que no te dicen, por ejemplo que para emprender hay que fracasar, y que el número de fracasos es acorde al nivel de éxito profesional. “La escena emprendedora necesitaba honestidad”, explica Luis López de Nava, uno de los cinco socios fundadores de este proyecto.

 

Ante el fracaso y la crisis
Tras perder a sus últimos clientes grandes y despedir a los 15 empleados que tenía en su despacho de arquitectura, López de Nava tuvo que adaptarse a las nuevas estructuras de trabajo que exigen colaboración horizontal. “Para mí fue traumático dejar la estrategia vertical y pasar a la horizontal”, confesó en una entrevista luego de revelar sus 40 años de edad.

Era 2008 y la crisis económica mundial afectaba a las grandes empresas, que liquidaron a muchos empleados quienes para subsistir debieron volcarse hacia ideas propias con producciones locales que se publicitaban en redes sociales. Así surgieron muchos de los bazares de diseño en la capital mexicana y, en ese contexto, luego de una noche de copas que pudo quedarse en eso, pero evolucionó, Leticia Gasca, Julio Salazar, José Villatoro y Carlos Zimbrón, además de López de Nava, crearon FuckUp Nights.

El concepto ofrece un espacio de terapia grupal para liberar tensión entre quienes han fracasado emprendiendo nuevos negocios, muchos de ellos startups relacionadas con el mundo digital, y el objetivo es que se pueda aprender algo del fracaso ajeno. A pesar de que ninguno de los fundadores pertenecía al mundo empresarial (dos son arquitectos, una es periodista y los otros dos creativos), fueron bien recibidos por ese entorno.

La dinámica en una Fuckup Night es sencilla: el orador habla abiertamente de su fracaso profesional, acepta y reconoce su error y el público le aplaude. Es, en esencia, una terapia grupal. Aunque algunos emprendedores asistentes llegan con el ánimo de hacer networking, esa dinámica se frenó desde el principio. “En este lugar no se intercambian tarjetas, es un lugar para liberar presión”, aseguran los socios.

 

De México para el mundo
Lo que inició en una terraza en la Ciudad de México con mezcales, luego de cuatro años se ha expandido para convertirse en un movimiento global con presencia en 150 ciudades en el mundo. La primera ciudad que adoptó la idea y organizó una FuckUp Night fue San Sebastián, España, lo que obligó a los cinco socios fundadores a homologar su invento.

Para ello crearon el Manual Organizador FuckUper, que incluye el Manual del Orador. “En el manual intentamos ser más serios y estrictos de lo que en realidad somos”, explica Yannick Kwik, coordinador global de FuckUp Nights.

Para organizar uno de estos eventos, no es necesario poner un logo o seguir reglas formales, como se hace en cualquier otra franquicia; por el contrario, la experiencia que anida en el ADN de FuckUp Nights se puede replicar con tres simples reglas: traer a buenos oradores, que sean honestos con las historias de su fracaso empresarial; respetar el formato, que exige siete minutos para cada orador y 10 imágenes para mostrar al público; y, por último (pero no por eso menos importante), que haya cervezas —aunque esta regla puede omitirse en algunos países musulmanes que así lo exijan—.

En los últimos dos años pasaron de 30 a 150 ciudades donde se organizan FuckUp Nights, aunque en agosto de 2015, cuando el equipo decidió cobrar una tarifa de 20 dólares mensuales por la organización, el número se redujo. Sin embargo, en los últimos meses se han recuperado y volvieron a alcanzar las 150 ciudades a nivel global. El segundo país que más FuckUp Nights tiene después de México es Alemania, el éxito es tal que incluso les han dado reconocimientos en la embajada.

El éxito de este movimiento es que genera conocimiento a partir del fracaso y que, por supuesto, hay emprendedores que han fracasado más de una vez en todo el mundo. Si bien, este conocimiento empírico no asegura el éxito de un negocio, sí es una advertencia sobre las cosas que pueden reventar una empresa.

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