El tren del mame

El tren del mame

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Rafael Carballo

No sé a quién haya acuñado la frase y debo reconocer que la primera vez que la oí me costó trabajo aceptarla; sin embargo, luego de todo este tiempo me parece una de las mejores analogías de nuestra convulsionada vida cibernética: el Tren del Mame.

Este medio de transporte está abierto para todo público y lo único que hay que tener para abordarlo es una cuenta de cualquier red social, siendo Twitter y Facebook las más comunes. Las corridas de este convoy, sin embargo, son veleidosas y difíciles de anticipar. Nadie sabe nunca cuándo puede ponerse en marcha este ferrocarril del absurdo.

No sé si haya alguien entre ustedes, avezados lectores, que no sepa a qué me refiero, pero intentaré explicarlo —seguramente habrá quien pueda hacerlo más claramente, así que no se queden sólo con mi intento de definición, aunque espero al menos saciar la más básica duda—. El Tren del Mame se refiere a toda la retahíla de opiniones que se suscitan en redes sociales sobre un tema específico, aunque para que se le pueda considerar un tren debemos de hablar de un número considerable de opiniones por usuarios (un parámetro es cuando el tema se convierte en Trending Topic). Ahora bien, otro ingrediente importante a considerar es la vehemencia de las opiniones: mientras más pasión levanten, el Tren del Mame será, por supuesto, más poderoso. Asimismo, abordo del tren suelen ir expertos en los temas específicos, desde política internacional, hasta en apreciación musical o discriminación.

Si no fui lo suficientemente claro, bastará con que recuerden lo que ocurrió la semana pasada porque hubo muchas corridas del Tren del Mame con diferentes tópicos y protagonistas y de eso todos nos dimos cuenta —al menos todos en México, mexicanos fuera y personas cercanas a nuestros medios y cultura—.

No quiero repetir los hechos, seré breve. El primer convoy salió el domingo 28 de agosto, luego de conocerse la noticia de la muerte de Juan Gabriel. Debo confesar que nunca me esperé un Tren tan grande, nutrido, feroz, sentido y unido como el que desató el deceso del Divo de Juárez. Cuando parecería insuperable, el martes, salió el siguiente (ligeramente relacionado con el anterior), luego que Nicolás Alvarado, ahora ex director de TV UNAM, publicó una columna en el diario Milenio en la que desestimó, ni más ni menos, que la imagen del mismísimo JuanGa, con la herida aún muy reciente y la horda de usuarios de las redes no se lo perdonaron. Cuando parecía que el linchamiento de Alvarado y su insensible opinión se alargaría indefinidamente, se anunció la visita de Donald Trump a México, tras invitación expresa del presidente (en el peor momento de su popularidad, cabe agregar). Trump llegó a México, como si fuera presidente —y no lo es—, se reunió con Peña Nieto, luego manejó una conferencia de prensa como si estuviera en su casa, para volver a su país y gritar en un mitin su mismo discurso sobre el muro en la frontera. Es decir, se rió del presidente. Inevitable que saliera ese tercer Tren del Mame.

Hoy, siguen circulando los tres trenes y siguen subiéndose pasajeros. Nunca, confieso, me había tocado ver un Tren del Mame tan grande y en una misma semana salieron tres que batieron todos los récords. Es como si se hubiese cerrado la carretera para el paso de un tren y siete días después siguen pasando vagones sin que se vea cerca el furgón de cola.

Cuando escuchaba la expresión Tren del Mame, inevitablemente, pensaba en la imagen de los hermanos Lumière del tren llegando a la estación. No sé por qué, pero para mí ese siempre había sido el Tren del Mame. Sin embargo, esta última semana esa imagen cambió para convertirse en la Bestia, el tren de la muerte, con gente hacinada que se dirige a un destino aún más oscuro e incierto que el sitio de su partida.