Esculturas de basura marina

Octavia, un pulpo de basura.

La organización ha creado 66 esculturas de animales en peligro de extinción.

Washed Ashore ha recolectado 18 toneladas de basura en total.

Angela Haseltine, fundadora del proyecto, con una de sus creaciones.

Un pez vela en todo su esplendor.

El objetivo de Washed Ashore es generar conciencia en la gente.

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Por Milagro Urquieta

En Oregon, la organización Washed Ashore se dedica a limpiar el océano y con la basura hace esculturas de fauna marina en peligro de extinción.  

El ecosistema marino está en peligro y, admitámoslo, todos somos culpables de esa atrocidad. Prácticamente nadie se salva, ya sea accidentalmente o adrede, si no, piensen en alguna vez que alguien abandonó una lata de cerveza en la playa durante una borrachera, o bien, dejó olvidada en la arena una sandalia o el juguete del niño. Todos.

El problema comienza porque, por ejemplo, una botella de plástico puede tardar hasta 450 años en degradarse en el océano; la fauna marina puede confundir esa bolsa de plástico con alimento, o bien, libera sustancias químicas peligrosas para el ecosistema.

A pesar de ser una amenaza real al medio ambiente, de los 136 millones de kilos de plástico que se producen al año en el mundo, se recicla menos del 10%. En el Oceáno Pacífico norte se ha formado lo que se conoce como la Gran Mancha de Basura del Pacífico, que es una gran acumulación de desechos que se juntan en un punto por efecto de las corrientes marinas, creando un piélago de basura dentro del océano. Se calcula que el área afectada es mayor a los 700,000 kilómetros cuadrados.

Alguien tiene que hacer algo
Con este problema en la cabeza, surgió en 2010 Washed Ashore: Art to Save the Sea (algo así como Orilla Lavada: Arte para salvar el mar), una organización estadounidense sin fines de lucro que promueve el cuidado ecológico y recauda fondos para preservar el océano y su fauna.

Este proyecto, encabezado por la artista Angela Haseltine Pozzi, recupera basura plástica recogida en las costas de Oregon, Estados Unidos, para crear con ella impresionantes esculturas de la vida marina y de especies en peligro de extinción: desde una ballena gigante hecha con contenedores de cloro, hasta un arrecife de coral a base de espuma de poliestireno.

“El problema sobre los asuntos del medio ambiente es que son depresivos. La gente no quiere pensar en cosas negativas. Hagámoslo con arte”, explica Haseltine en conversación con Think Tank New Media. “Si la gente está la suficientemente interesada en mirar con cuidado el trabajo, que es hermoso a distancia, puedo acercarme a educarlos”.

 

De cómo funciona
Haseltine y un grupo de voluntarios del proyecto Washed Ashore recogen los residuos de las costas de Oregon, los limpian y clasifican por color para después poder crear sus piezas artísticas. A la fecha, han recolectado 18 toneladas de basura y creado con ella 66 esculturas de animales en peligro de extinción. En general, cada piezas es de casi tres metros de altura e invierten en su fabricación alrededor de seis meses.

“Lo que más me gusta es que tenemos talleres de jueves a sábado en los que niños y adultos pueden armar las piezas con ayuda de voluntarios entrenados por nosotros”, asegura Angela, maestra de arte por más de 30 años y fundadora del proyecto.

El objetivo es generar conciencia en la gente y provocar la reflexión sobre nuestro estilo de vida; además, buscar nuevas formas para generar menos basura.

Todos, al final, somos responsables de la polución en los océanos y para evitarla hay que ir paso a paso. “Empiecen usando la misma botella de plástico durante una semana [en lugar de tirarla de inmediato] y llevando al supermercado bolsas reutilizables, para cambiar su hábito de consumo”, recomienda Haseltine.

La artista nació en el seno de una familia de artistas. Su madre fue pintora y su padre, director de museos, y su decisión de empezar este método de creación fue orgánica. Primero, por falta de presupuesto, hubo una época en que empezó a trabajar con materiales reciclados en sus clases; luego, tras la repentina muerte de su esposo, se despertó en ella un afán por dejar un legado amable legado: la conciencia sobre la contaminación marina.

“El panorama es bastante escalofriante y mucha gente no lo sabe. Muchos confunden la Gran Mancha de Basura del Pacífico con una isla y no lo es”, explica agobiada Haseltine. “Más bien, es el vórtice de basura más grande que flota por el océano. El ser humano es el responsable y lo suficientemente inteligente para detenerlo”.

Por eso, para paliar la culpa que te genera esa lata de cerveza que alguna vez dejaste a orillas del mar, entra a la página oficial de este proyecto y extiende tu apoyo.