Estamos en el principio del fin y no, no hay marcha atrás

Sequías a gran escala

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por Ruy Feben

Y esta teoría tiene argumentos que lo demuestran

Cuando imaginamos el fin de la civilización, solemos pensar que tal cosa sólo puede suceder con el fin del planeta. Es decir: ¿cómo podría la civilización humana terminar por completo si no fuera por culpa de una hecatombe (desde dentro o desde fuera del planeta) que lo borre todo? Bien: pues esta teoría asegura que el fin de la civilización humana no sólo es posible de otra forma (diríamos nosotros, más orgánica; diría TS Eliot: “not with a bang, but a whimper”), sino que es inevitable y, más aún, siempre lo fue. Esta es la teoría de Olduvai y tiene una cosa que decirte: a la civilización tal como la conoces le quedan menos de 15 años de existencia; tus nietos vivirán en otra era feudal y, en mil años, la humanidad será nómada otra vez.

  1. Breve explicación de la teoría

En 1989, el ingeniero (y entusiasta de la arqueología) Richard C. Duncan publicó La teoría de pulso-transitorio de la civilización industrial. En aquel trabajo, Duncan básicamente decía que la civilización industrial ya había pasado su punto más alto: que a partir de 1970, la relación entre la cantidad de combustible y la necesidad de energía sería tan desigual, que pronto la civilización así como la tenemos, con computadoras, luz eléctrica y masajes de pies, dejaría de existir. Sin energía para mover coches y elevadores inteligentes, tendremos que volver a las carretas y los edificios de dos plantas, y luego a movernos a pie y luego a las cuevas; en el ínter, la población irá diezmando para que el planeta sea capaz de soportarnos. En 2030, asegura Duncan, nuestra civilización, tan gastalona de energía, será insostenible, y dentro de entre 1000 y 3000 años, la humanidad entera será nuevamente una raza de cazadores y recolectores nómadas, moviéndose en parajes silvestres salpicados de desiertos de concreto y rascacielos.

Pero para entonces ya no recordaremos a Godzilla.

En 1996, Duncan republicó su trabajo y le cambió el nombre a Teoría de Olduvai, inspirándose en el sitio arqueológico de la garganta de Olduvai, en Tanzania, uno de los más importantes en lo relacionado con la industria olduvayense (mejor conocida como: la Edad de Piedra). En 2009 ajustó un par de datos y su teoría sobre el fin del mundo que va sucediendo desde 1970 quedó definida por tres cosas que ocurrirán inevitablemente (y que, mientras tú bebes tu café calientito, están pasando).

  1. Las tres cosas que preceden al fin del mundo (y que ya están empezando a suceder)

Agotamiento de recursos como el petróleo

  1. a) Agotamiento de la fuente energética primordial (léase: petróleo)

Duncan, que es ingeniero y que durante buena parte de su carrera trabajó para la industria petrolera, postuló su teoría tras darse cuenta de algo que hoy es muy evidente (y que en la segunda mitad de los ochenta, 15 años después de la crisis petrolera del 73, tampoco debe haber sido lo que se dice breaking news): el petróleo no es eterno. Y si bien eso era y es evidente, Duncan sí tuvo un hallazgo interesante: no sólo no es eterno, sino que en 1989 ya habíamos pasado el punto más alto de su producción, que su teoría estableció primero en 1970 y, en su última versión, fijó en 2009; este cambio se debe a que, en su primera versión, Duncan no tomaba en cuanta a las economías emergentes, que según él permitieron que la “burbuja” de bonanza se extendiera un poco más. Este hallazgo parece elemental, casi ingenuo, pero Duncan ahondó lo suficiente para ver algo aterrador: la carencia de combustible implica que los más ricos se quedarán con todo lo que puedan, dejando a los países pobres sin recursos. Para cuando Duncan hizo su investigación, las cifras ya eran, por decir lo menos, ridículas: en 2005, los estadounidenses usaban, per cápita por año, 48 barriles de petróleo más que el promedio mundial. Más allá de las diferencias económicas insostenibles que esta cifra evidencia, la desaforada explotación del petróleo nos introduce a otro concepto, que trataremos a continuación de la manera más sencilla posible:

 

*Límite de capacidad de carga del planeta Tierra*

Es la cantidad de seres humanos que el planeta es capaz de soportar en condiciones normales. ¿Normales? ¿Qué son condiciones normales, se pregunta usted? Bueno, digamos que en condiciones de equilibrio. Bien: resulta que la Tierra es capaz de soportar (¿está usted sentado? ¿Tiene de dónde sostenerse?) entre 500 y 2,000 millones de seres humanos. Exacto: poco más de la tercera parte de la gente que hoy habitamos el planeta.

 

El límite de capacidad de carga del planeta está así de reventado porque llevamos usando más petróleo del que deberíamos (uso con el cual, además, agotamos otros recursos naturales, como el aire o el agua) desde 1930, fecha que Duncan establece como el inicio de esta civilización industrial. Pero, claro, no todos usamos la misma cantidad de petróleo, ¿cierto? ¿Entonces qué es lo peor que podría pasar?

 

  1. b) Grandes migraciones

Es igualmente elemental: si en donde vivo no hay para comer, me voy a donde haya. Lo mismo ocurre si no hay energía para transportarme o trabajar. Supongamos que eso no es un problema social (como veremos en el siguiente apartado); supongamos que las fronteras están abiertas. ¿Los mismos recursos se repartirán entre todos? No: lo que sucederá es que la gente que viene de países pobres a vivir en países ricos empezará a buscar un estilo de vida similar al del país al que llega y, por tanto, a utilizar los recursos de la misma manera. Dice Duncan que a mayor migración, mayor explotación de recursos. Eso se llama principio de atractividad. El problema con el principio de atractividad es que la cultura dominante (que proviene casi siempre de los países poderosos que gastan mucho petróleo) tiende a tener hábitos voraces. Para decirlo de una manera muy hippie: el problema es cómo hemos hecho trabajar al capitalismo durante décadas. Sin embargo, muchos de los fans de Duncan dicen que el problema no es el sistema económico, sino los “¡malditos migrantes que vienen a quitarnos nuestros trabajos y nuestros barrios!” La consecuencia lógica de ese discurso es que, pronto, estalle una crisis del Estado Nación.

Ataques y terrorismo

  1. c) ¿Estado Nación? ¿Cuál Estado Nación?

El discurso anti migrantes lleva al menos lo que va del milenio tomando fuerza en todo el mundo económicamente poderoso, más o menos por lo que decíamos en el punto anterior y por otros factores. Empezó de manera frontal con los ataques de Nueva York, siguió con los de Madrid, Londres, París, Bruselas, con la crisis de migrantes de Siria, con la Alemania llena de turcos, con los Estados Unidos tapizados de latinoamericanos. Hoy la ultraderecha se vuelve cada vez más fuerte porque el flujo de migrantes también es cada vez mayor. Se prevé que en la próxima década la migración será el problema crucial del planeta (porque, por ejemplo, el sudeste asiático empezará a hundirse por causa del calentamiento global; ¿habrá que recordar que en esa zona están cinco de los 20 países más poblados del mundo? Más de mil millones de personas se quedarán sin lugar para vivir en los próximos 15 años), lo cual quiere decir que, probablemente, esta situación se volverá peor. ¿Hay otra salida además de los gobiernos dictatoriales y supremacistas? Claro: las invasiones. La guerrilla. La sublevación.

Dulces sueños.

 

  1. Los pasos hacia la civilización re-primitiva

 

Tenemos, entonces, tres ingredientes para el colapso de la civilización: agotamiento del petróleo, grandes movimientos migratorios y colapso de nuestra organización política. Tras analizarlos, Duncan establece una línea de tiempo más o menos clara, que va como sigue:

 

– 2010- Pico del consumo (desigual) de petróleo en el mundo. Empieza desde aquí el declive.

– 2015- Punto más alto de la población mundial (7 mil millones de habitantes); comienzan en Estados Unidos los apagones y la falta de energía. En el resto del mundo comienzan a escasear ciertos productos y servicios de salud. Grandes olas migratorias comienzan, a la par de un recrudecimiento de las fronteras en países poderosos.

– 2027- La hambruna y la peste, esos dos locuaces jinetes del apocalipsis, han atraído a un tercero: la guerra. Para este año, la población ha diezmado en un 10%. Los países pobres han decrecido por falta de recursos y enfermedades; los países económicamente poderosos, donde se ha establecido una suerte de cuarentena, también se han reducido por sus políticas cada vez más crudas. En este punto, la fuente de energía más común es el carbón (igual que en los 70 años previos a la utilización del petróleo como principal fuente de energía): a pesar de contaminar como ningún otro combustible, el carbón puede abastecer a más gente, y su consumo ha venido creciendo sostenidamente desde 2004. Estalla una Tercera Guerra Mundial por los pocos recursos que quedan. Esta guerra devasta a los países pobres y empobrece a los ricos.

– 2030- Fin de la civilización como la conocemos. La población global está por debajo de los 5 mil millones de habitantes. Nadie utiliza petróleo, y sólo algunos gobiernos sobreviven. Comienza un lento retorno a las sociedades de tipo feudal.

Grandes migraciones

 

– 2100- La escasez de recursos impide que la población entera tenga acceso a medicinas o educación. Las labores más valoradas son las primarias: agricultura, ganadería, pesca. Los pocos países que quedaban sucumbieron alrededor del año 2050; las grandes ciudades fueron abandonadas, y los núcleos de población más o menos grandes (nunca de más de 10,000 habitantes) se amurallaron en ciudadelas que les permitieran detectar a posibles invasores y defenderse de ellos. Lo más cercano a una potencia son las tribus del Amazonas, Oceanía y África, que no vieron afectado su estilo de vida en los últimos siglos. Para todos, el recurso más preciado no es el carbón (que ya casi nadie usa: el combustible ahora es la madera de los bosques que poco a poco han recuperado espacios), sino la tierra fértil, que se agota con parsimonia, con paciencia, durante décadas y siglos de equilibrio inestable pero afortunado.

– 3000- Nueve siglos de escaramuzas por la tierra, enfermedades y relativa hambre han diezmado a la población hasta alcanzar menos de 2 mil millones de habitantes en todo el planeta: volvimos a estar por debajo del límite de capacidad de carga de la Tierra. Muchos de los grupos organizados han desaparecido en ese proceso; los que quedan están tan lejos entre sí, que desconocen la existencia de los otros. Sin embargo, el problema no es social, sino de supervivencia: la tierra fértil se está acabando. Cada vez se vuelve más común que los grupos humanos abandonen sus chozas y comiencen a seguir manadas de animales comestibles, o que empiecen a moverse según las estaciones. Somos nómadas de nuevo, casi idénticos a esos cuyos huesos fueron hallado en la garganta de Olduvai muchos siglo antes.

Hambrunas globales

  1. Otras consideraciones

– Duncan tiene, por supuesto, un alud de críticas a su teoría. Por un lado, está el casi-velado discurso anti migración. Por otro, la absoluta anulación del papel de la tecnología (que podría sacarnos de este planeta o incluso de nuestras más elementales necesidades físicas) y de la cultura de lo sustentable, que en los últimos años gana cada vez más conciencias.

– Hay autores que retoman la teoría de Olduvai y le dan un twist: que si la caída no será tan paulatina, sino de golpe, luego de un enorme colapso social y de recursos; que si la caída en realidad no será una catástrofe, sino algo que nosotros mismos buscaremos para sobrevivir.

– Algo de lo que Duncan habla poco y que pocos de sus interlocutores comentan es qué pasará en este proceso respecto al lenguaje. Dado que físicamente ya somos los que somos y 900 años no son suficientes para hacernos de nuevo animales a cuatro patas, lo lógico sería que el lenguaje evolucione en sentido contrario a nuestras capacidades, digamos, socioeconómicas. Quizá nuestro lenguaje se volverá súper sofisticado, y aprenderemos a estar siempre de acuerdo en nuestros pequeños grupos, comunicándonos mediante hormonas o antenas: seremos como esos enjambres de bailes perfectos.

– Todo esto es una conclusión forzada de una de las propuestas más extremas de los interlocutores de Duncan: cuando el ser humano haya vuelto a su edad de piedra, llegará otra especie que, poco a poco, desarrollará inteligencia racional y civilizaciones a base de combustibles perecederos. Seremos acaso los Neandertales de otros homínidos, un mito improbable, un lenguaje olvidado.