Gasolinazo 2017, una cuesta de enero más empinada

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Por Manuel Guerrero

Ante un nuevo año lleno de incertidumbre, el gobierno mexicano nos adelantó una certeza, eso sí, nada grata: el precio de los combustibles aumenta. Y no sólo una vez al inicio del año, sino al menos tres veces. El argumento de las autoridades de la Secretaría de Hacienda es absurdo e indefendible: liberar los precios en México para equilibrarlos con los de los combustibles en los mercados internacionales (del Primer Mundo, vamos).

A la explicación le hace falta señalar lo obvio: los mexicanos carecemos de los salarios y del poder adquisitivo promedio de los europeos y estadounidenses. Más aún, incluso sin comparar el ingreso del común de los mortales en este país con los de ciudadanos de países desarrollados que producen petróleo, la Tabla a continuación muestra cómo en los últimos años el incremento porcentual de los precios de la gasolina más “barata”, la Magna, cada vez ocupa una rebanada más grande del salario mínimo promedio. Pero si de “liberar” precios se trata, ¿por qué no se les ocurre, por ejemplo, reducir el impuesto que se paga por cada litro? Por ejemplo, un litro de Magna que en septiembre de 2016 costaba $13.98 Pesos, incluía $6.06 Pesos de impuestos (entre IVA y IEPS).

El problema del “incremento”, por desgracia, no se quedará en los combustibles, sino que sin duda –y para ello basta la experiencia en todos los casos anteriores—terminará por afectar al alza los precios del resto de los bienes y servicios de la economía. Es evidente que habrá un impacto inflacionario.