Indumentaria electrónica: ¿el next big thing o lo que el viento se llevó?

¿Hasta dónde el juego que queremos jugar? / Shutterstock

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por Jeannine Diego

Wearable tech: ¿el cuerpo es ya el límite?

Wearable tech: ¿el cuerpo es ya el límite?

Todo pareciera indicar que las compañías que desarrollan la wearable technology se están dando de codazos entre ellas, tratando de ser las primeras en poner sus productos sobre el cuerpo de la gente, y que en un futuro no lejano estaremos emitiendo luces y sonidos y vibraciones por doquier, hablándole al aire y accionando pantallas que son invisibles al ojo de quienes nos rodean.

Intel MICA, ¿sólo un sueño efímero?

Intel MICA, ¿sólo un sueño efímero?

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Toda pasarela de 2014 y 2015, de cualquier marca que se dignara de serlo, parecía contar con algún elemento de indumentaria electrónica. La marca Opening Ceremony colaboró con Intel en el desarrollo de MICA o My Intelligent Communication Accessory, que combina piedras semipreciosas y tecnología de punta para que quien porte el accesorio pueda recibir mensajes y recordatorios. Swarkovski y Misfit Wearables diseñaron su Activity Tracking Crystal, Luxottica colaboró con Intel y Tory Burch hizo lo suyo con Fitbit Flex® tracker. Ralph Lauren estrenó su smartbag de nombre Ricky que carga la batería de los teléfonos.

Ralph Lauren Ricky, tuya por $5,000 dólares

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En lo que va de 2016, sin embargo, la tecnología y los gadgets en general han estado conspicuamente ausentes de las pasarelas.

¿Y quién se acuerda del Google Glass? Lo que es más: ¿quién se atrevió a usarlo? El proyecto claudicó en enero de 2016, a poco menos de tres años de su introducción al mercado. El beeper o pager de los años noventa duró veinte. El Google Glass costaba $1,500 USD, mientras que un beeper sencillo costaba alrededor de 10. Tal vez sea una de las claves para entender la fugacidad de la alta tecnología ponible.

Entre los fashionistas de hueso colorado de las calles de Londres, el smartwatch ya es passé (http://mashable.com/2016/01/17/wearables-smartwatches-london/#dTMTnSDpYqqt) y lo de hoy es el retro-tech. O lo que es lo mismo: el reloj análogo. Así, a la antigüita.

¿Será que el futuro llegó ayer… y que enseguida se fue?

Parece ser que la indumentaria electrónica aún no encuentra su debido equilibrio entre la funcionalidad, la estética y, sobre todo, la necesidad. Hasta el momento, las novedades de la wearable technology en su conjunto no se han comportado tanto como un augurio de lo que vendrá, sino como una serie de experimentos creados por adolescentes genio en laboratorios improvisados en las cocheras de sus casas, cada ocurrencia más enloquecida (y fea) que la anterior.

Las propuestas futuristas de Cute Circuit

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Su capacidad para hacerse de un lugar fijo en el mercado ubica a estas novedades en el ámbito de la tendencia, algo cuyo shelflife difícilmente rebasa un par de años. En parte, esto se debe a que no responden a una necesidad percibida (nótese el énfasis en el término; hace no mucho, ninguno de nosotros necesitaba un smartphone), se trata de productos novelty cuyo desarrollo requiere además de una inversión nada modesta, cosa que, para algo que dura tan poco en la lista de deseos del consumidor promedio, hace que los precios permanezcan en el ámbito de lo estratosférico; sólo a alguien con mucha holgura económica y bastantes ganas de hacerse notar, se le ocurriría usar un Hug Shirt™ (http://cutecircuit.com/the-hug-shirt/) https://www.instagram.com/p/31itj5pVxx/?taken-by=cutecircuit a través de la que se puede “enviar” un abrazo a distancia y, además, determinar por medoo de sensores, la fuerza, duración y ubicación en el cuerpo de un abrazo recibido (siempre y cuando ambas partes cuenten con su camiseta abrazo). A 300 dólares la pieza, la camiseta está por lo bajo si se compara con otras prendas de indumentaria electrónica. Aún así, ¿qué tan sostenible es producir estas prendas a largo plazo? A estas alturas, la indumentaria electrónica ha logrado cuando mucho generar una suerte de mercado preciosista de ediciones limitadas, acaso coleccionables. Es decir: más incluso que una tendencia, las prendas que incorporan la wearable techonlogy representan para quienes las pueden comprar, un capricho.

La "camiseta abrazo", como vino se fue

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Hoy que sabemos que toda tecnología electrónica es “jaqueable”, que los gobiernos se auto otorgan licencia para vigilar nuestra actividad en el ciberespacio, que sospechamos que la exposición a la tecnología celular nos provoca cáncer, ¿quién se quiere poner aquello en el cuerpo? Hay muchos para quienes el smartphone ya implica un alarmante y bochornoso nivel de dependencia, para quienes la existencia de Siri ya es demasiado bizarra.

 

¿Smart bracelets para sentirnos más vigilados?

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https://www.instagram.com/p/BCDwiw4OVWD/?taken-by=wisewearco

Esto no significa que las empresas no persistirán en su fin: encontrar el equilibrio entre lo funcional, la estética y la necesidad. La empresa de indumentaria electrónica WiseWear recientemente contrató a la veterana del estilo Iris Apfel para dotar a su colección de smartbracelets con un poco de gracia. Si bien hoy no sentimos que es imperativo usar una pulsera con piedras semipreciosas que se iluminan y vibran cuando alguien nos ha enviado un mensaje, nunca se sabe. Tampoco hace quince años dominaba en nosotros la urgencia de ser dueños de un aparatito luminoso que nos mantuviera en perpetua conexión con el mundo.

¿Hay un límite a los aspectos de nuestras vidas que permitiremos sean invadidos por la tecnología? ¿El cuerpo es, acaso, un límite? ¿Se trata de una hibris que estamos dispuestos a asumir?