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La inteligencia artificial llega al arte

Las máquinas no tienen sensibilidad, de modo que no pueden aportarnos nada en el terreno creativo. No hay forma de […]

Las máquinas no tienen sensibilidad, de modo que no pueden aportarnos nada en el terreno creativo. No hay forma de que nos enseñen a ver y apreciar una pintura, una pieza musical o un poema. ¿Verdad? Mmmhhh. Todo depende. En el prestigiado museo londinense Tate Gallery se expone justo ahora una muestra fascinante: revela qué pasa cuando el arte se encuentra con la Inteligencia Artificial (IA), es decir, con las máquinas y los programas que imitan el funcionamiento del cerebro humano. A partir de algoritmos complejos, la exposición Recognition (Reconocimiento) propone un paso importante en la relación humanos-computadoras: compara fotografías noticiosas del feed de la agencia periodística alemana Reuters con el enorme archivo de imágenes artísticas del museo (más de 50 mil) a fin de encontrar rasgos parecidos.

Se trata de buscar coincidencias en varios planos, de mirar cada foto desde cuatro ángulos. Por un lado está el reconocimiento facial: algunos algoritmos detectan sexo, edad y “estado emocional” de las personas retratadas, para luego empatarlos con las obras del Tate. Por otro lado está el reconocimiento de objetos: se analizan colores y formas de cada foto, con el fin de buscar similitudes. En tercer lugar está la composición de la imagen, que es quizá la categoría más importante: estudia formas, estructuras, disposición visual y colores. Finalmente, el programa analiza el contexto de la foto, determinado a partir de metadatos: el título de la foto, el pie que la “explica” y las etiquetas con las que es identificada. Se suman las conclusiones y cuando una foto es afín a una pintura en las cuatro categorías, entonces se les coloca juntas en la galería tanto virtual: son una suerte de par. Además de las fotos, el programa muestra el porcentaje de concordancia que tienen en cada uno de los cuatro rubros.

Creado por la empresa italiana Fabrica, cuyo centro de operaciones está en Treviso (al norte de la península), el proyecto fue el ganador del premio Tate IK. Éste es entregado cada año por el reconocido recinto británico en alianza con Microsoft. Reconoce iniciativas que emplean la tecnología para ofrecer nuevas vías de acercamiento a su acervo. En emisiones anteriores fueron premiados After Dark, proyecto que incluía robots con cámara patrullando las salas: durante cinco noches, público seleccionado al azar los dirigía a control remoto por medio de una App, y Tate Sensorium, una experiencia de inmersión: a través de sonidos, sabores y aromas potenciaba la experiencia de recorrer las galerías.

La muestra Recognition va a durar tres meses. Concluye a fines de noviembre y, durante ese lapso, las imágenes no sólo se proyectan en tiempo real en la galería virtual: también se despliegan en pantallas físicas ubicadas en las salas de la exposición. Además, los asistentes al museo pueden enriquecer la vasta muestra, lo que les otorga la posibilidad de mejorar el proceso de “decisión” del programa, explica el sitio británico del periódico The National. En su momento, los responsables de la Tate explicaron que el proyecto les pareció revelador porque plantea preguntas fundamentales sobre cómo funciona el cerebro humano y de qué modo las máquinas nos pueden ayudar a entender la obra artística. Asimismo, el programa pone sobre la mesa la cuestión de cómo la fotografía periodística realmente captura la belleza del mundo.

De hecho, resultan interesantes los “errores” del proyecto, es decir, cómo los seres humanos y las máquinas procesamos información de formas distintas. Por ejemplo, el software empató la foto de dos eunucos que se maquillan en la zona roja de Bombay, India, previo a una celebración el pasado mes de agosto, con la pintura de dos mujeres nobles que Sir Peter Lely pintó en 1660. La IA “pensó” que eran similares.

Tate Gallery

Tate Gallery

Otro caso: la antorcha de los participantes en una protesta social en Nantes, Francia, contra la nueva ley laboral durante el pasado mes de septiembre fue puesta frente a frente por la red de algoritmos con la pintura de la erupción del volcán Vesubio, en Italia, pintura de Joseph Wright realizada alrededor del año 1776. Y sí, el parecido es notable, pero seguro que nadie antes las había comparado.

 

Tate Gallery

Tate Gallery

Uno más: la red de algoritmos de la Tate encontró un enorme parecido en la composición y el contexto de la imagen de la mexicana Patricia Torres, quien hace 10 años fue vejada en Atenco y el 4 de octubre fue fotografiada por Reuters luego de una conferencia de prensa sobre el caso, y la imagen de un hombre desconocido, pintado por Jonathan Richardson en 1730.

Tate Gallery

Tate Gallery

Sí, todo parece apuntar en una dirección: la IA de Recognition abre nuevos desafíos en cuanto a la interpretación del arte, nos obliga a ponernos nuevos lentes para mirarlo y apreciarlo, plantea preguntas que a los seres humanos difícilmente se nos ocurriría hacernos. Además, al sugerir similitudes entre periodos históricos, puntos geográficos y culturas, la galería generada por el programa constituirá una especie de cápsula del tiempo que comprenda muchos tipos de imágenes del pasado y el presente. Parece que la Inteligencia Artificial sí tiene algo que enseñarnos sobre arte.

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