La invasión de los insectos mecánicos

Insecto mecánico : Shutterstock

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Por Ana Paula Tovar

Los drones se han vuelto, en los últimos años, algo común para efectos recreativos, pero como con otras tecnologías, al extenderse su uso ha hecho necesario legislar su uso.
En los últimos años, la población de drones en México se ha multiplicado considerablemente; es común verlos en conciertos o eventos masivos volando sobre las cabezas de la gente con su zumbido de insecto gigante. De hecho, la palabra en español, dron, viene del inglés drone, cuyo significado original es zángano o zumbido, aunque igualmente derivó en el nombre que se le da a los vehículos aéreos no tripulados originalmente de uso militar.

Sin embargo, debido a la moda de estos aparatos voladores, ya hecho portátiles y para cargar cámaras de video por todos lados, se ha hecho necesario hacer una legislación respecto a su uso por cuestiones de seguridad y de privacidad.

La población de drones crece: Shutterstock

La población de drones crece: Shutterstock

 

¿Qué es un dron?
El nombre oficial en español de estos aparatos es Vehiculo Aéreo no Tripulado (VANT). Los primeros prototipos se hicieron después de la Primera Guerra Mundial, aunque la tecnología se siguió desarrollando durante la Guerra Fría, y para finales del siglo XX se perfeccionó el sistema que permite moverlos grandes distancias a control remoto.

Tras su éxito en la Guerra de Irak y Afganistán se convirtieron en instrumentos esenciales en los conflictos bélicos actuales. Después, como muchos otros productos inventados por la milicia, luego de un tiempo y con ciertas modificaciones, llegaron al mercado civil.

Los drones de uso recreativo son de diferente peso, tamaño y características, dependiendo de las necesidades de su comprador. Es fácil adquirirlos en tiendas especializadas en tecnología y sus precios varían desde 700 pesos aproximadamente, por un pequeño y con poca estabilidad de vuelo, hasta los 100,000 pesos para drones profesionales que incluyen cámaras de video de alta resolución.

 

Las leyes en México
En abril de 2015, la Secretaria de Comunicaciones y Transportes (SCT) estableció los requerimientos para poseer y operar un Sistema de Aeronave Tripulada a Distancia (RPAS, por sus siglas en inglés).

La legislación mexicana divide los RPAS en tres categorías:
1.- Mini: menos de 2 kilogramos de peso.
2.- Ligero: entre 2 a 25 kilogramos.
3.- Pesado: más de 25 kilogramos.

Los tres tipos pueden tener uso comercial o recreativo y todos, sin excepción, deben volar a cierta distancia de aeropuertos y helipuertos, a una altura máxima y mínima específicas, y a una distancia establecida del usuario según su peso (sólo los más pequeños pueden usarse sin permiso y en cualquier sitio). Los considerados Ligero y Pesado, en cambio, deben usarse en clubes de aeromodelismo. En el caso de ser de uso comercial se requiere de un seguro para cubrir daños a terceros y una autorización de operación expedida por la SCT con vigencia de dos años. Tampoco se permite usarlos para transportar ningún objeto ni animal.

Uno podría pensar que comprar un dron, colgarle una GoPro y husmear la vida de los vecinos no debería estar permitido, pero la ley mexicana no es tan específica, así que por lo pronto uno debe confiar en la buena fe del propietario. Además, hay que decir que, entre muchas otras cosas, la legislación establece que está prohibido volarlos durante la noche, a menos de que esté registrada como comercial con un permiso para la ocasión. De suerte que si de pronto ven por la ventana volar un dron de noche, como a mí ya me pasó, podrían reportarlo.

Sin duda, esta tecnología ha cambiado bastante al mundo, tanto, que en Estados Unidos, la empresa Amazon planea en algunos años realizar el 85% de sus entregas mediante estos aparatos voladores. ¿Imaginan cómo se vería una ciudad como Nueva York llena de insectos mecánicos?