La letra con sangre entra

Pelea y escribe. Fotos: Balam-ha' Carrillo.

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Por Milagro Urquieta

“Hay que sentir el dolor para poder escribir sobre él”, dice Héctor Carreto —cinta negra en kick boxing— mientras aprieta mi muñeca con una venda. Es mi primera clase de box y mi única certeza es que tengo una pésima condición física.

Lo interesante es que vengo a un curso de creación literaria. Y de box. De ambas cosas. La idea es primero boxear y después escribir, una simbología exótica entre pelea y literatura puesta en práctica por Alejandro Carrillo, integrante del colectivo Tinta Chida, y Héctor Carreto. El taller se llama, explícitamente, “Pelea y escribe”.

Me tranquiliza un poco saber que los golpes serán canalizados al papel en un cuarto con luz tenue en el segundo piso del lugar.

A pelear
Primero son 10 minutos de entrenamiento ligero en el que corremos, hacemos sentadillas y damos manotazos al viento simulando nuestra mejor —en realidad la peor— versión de Rocky Balboa.

Después es tiempo de los golpes. Soltar golpes hasta que suene la campanilla; un jab, un cross o un buen gancho en contra del sparring. La primera clase es para aprender, así que sólo es dar sin recibir; en las subsecuentes sí habrá combate con otros peleadores (los mismos compañeros del taller). Pero ahora se trata de soltar golpes durante casi una hora, sacar la furia, la energía. Después vendrá la escritura peligrosa.

Este método es creación de Tom Spanbauer, escritor estadounidense y maestro del mismísimo Chuck Palahniuk antes de que escribiera El Club de la Pelea. “Escribir peligrosamente es ir a ese lugar escondido dentro de nosotros donde hay dolor o algo muy triste”, explica Spanbauer. “Se trata de ir a ese lugar, investigar y escribir desde ahí”.

Para Alejandro Carrillo, la escritura de la pelea, entonces, puede resultar peligrosa si se hace desde la lesión, el dolor que aún se siente dos días después de los golpes. O más bien, al coraje que damos en cada golpe. A esa verdad que resulta incómoda, por su sinceridad prematura, cuando se escribe en caliente.

 

Escribe, pero que sea sucio
Esa fue la consigna después de la clase de kick boxing. El cuento a leer en el taller literario fue “Extrañando a Kissinger”, de Etgar Keret. El siguiente paso: conectarnos con un momento de nuestra vida después del cual no fuimos los mismos, en relación al sexo y, hacer de esa lesión, los bocetos de un cuento literario en 25 minutos.

“No lo piensen. Siéntanlo. No lo analicen. Dejen que el dolor salga”, repetía Alejandro. De pronto, cada quien escribió lo suyo y se compartió a viva voz. El trauma de un niño que ve, cada noche, a sus padres coger o la culpa que siente una mujer engañada al sentirse atraída por los nuevos movimientos aprendidos por su novio en la cama.

Cada palabra es un puñetazo al corazón y no se permite rehuir al combate. En la simbología exótica de la pelea y la literatura, sucede cuando el réferi le llama la atención a los peleadores por abrazarse demasiado. En la literatura, cuando se es muy descriptivo y no se cuenta rápidamente la acción.

De ahí surge la escritura de la pelea y el saber que escribir desde lo que nos duele es siempre peligroso. Aunque puede serlo menos si luego de dos años de taller y un buen desempeño puedas obtener la cinta negra en kick boking y un libro de cuentos ya editado para publicarse en una editorial independiente.