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Los murales de Holbox

En Holbox no hay coches ni centros comerciales ni bancos ni señal telefónica. La mayor agresión que alguien puede padecer […]

En Holbox no hay coches ni centros comerciales ni bancos ni señal telefónica. La mayor agresión que alguien puede padecer en ese lugar es convertirse alimento para mosquitos. Es un paraíso donde además de ver iguanas, flamencos rosados, pelícanos, golondrinas, delfines, tortugas y tiburones ballena, uno agradece que los siete policías que hay en la isla siempre tengan la disposición de transportarte cuando no hay carritos de golf.

Para disfrutar del mar turquesa —cálido hasta en días de tormenta—, los paseos en kayac o lancha son tan encantadores como los recorridos en bicicleta por las calles, donde los muros de las casas, restaurantes, tiendas de artesanías y escuelas son espacios donde se refugia la memoria de una isla de pescadores que lo único que quieren es preservar su identidad.

Muros de mujeres con peinados en forma de flamencos, un Pinocho pescador, un saxofonista que lanza melodías en forma de peces, hombres rodeados de jaguares, catrinas con esqueletos de delfines, imágenes que reflejan el pasado, presente y futuro de Holbox, una isla que mientras sus áreas naturales se ven en peligro por proyectos turísticos, sus habitantes viven en un estado de añoranza permanente.

En entrevista, Daniel Trigo, promotor cultural y habitante de esta isla caribeña, creó Soñando por Holbox en 2013, proyecto que dio origen a cinco festivales de arte integrado por artistas internacionales, quienes se encargaron de plasmar los sueños de los habitantes en murales para restarle al olvido.

Aunque es inevitable no apreciar el colorido de las imágenes, más que estética, Daniel resalta la importancia del diálogo urbano entre los holboxeños y los artistas, quienes a través de la convivencia con cada una de las familias se creó una memoria colectiva a lo largo de los 43 kilómetros que conforman a la isla.

Daniel admite que al inició muchas personas pensaban que se trataba sólo de grafitear muros, pero después de ver los resultados aumentó la confianza. Incluso, muchos ofrecieron hospedaje y comida a varios de los artistas que participaron.

El hueco negro
Incrustada en las cristalinas aguas del Caribe mexicano y dentro del Área de Protección Natural Yum Balam, Holbox tiene una importante anidación de tortugas marinas y la migración más grande del mundo de tiburón ballena. Los autos y taxis son carritos de golf y sus calles son de arena blanca. Algunos habitantes de la isla y varios grupos ambientalistas se oponen a la construcción del complejo turístico por el daño ambiental que supondría a la región y, en general, a la reserva.

Pero ante la adversidad, la mejor herramienta para los holboxeños es la unión, así ha sido siempre. Me cuentan que hace diez años sólo tenían un número telefónico que todos compartían con extensiones de un conmutador; ahora, todos tiene su número propio. También cooperaron para comprar una antena parabólica y poder disfrutar de diferentes canales de televisión. Y qué decir de las jornadas sabatinas para recolectar basura y colillas de cigarro en la playa.

La solidaridad es quizá el primer requisito para formar parte de esta comunidad que recibe, con el corazón abierto, tanto a mexicanos como extranjeros, quienes al enamorarse de Holbox decidieron radicar ahí definitivamente.

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