Los Valles Centrales de Oaxaca, en bici

El arte del hilado tradicional

Santa María del Tule

Los comales de las hermanas Mendoza

Chocolate caliente

Mango y tuna roja

Dainzú

Tintes naturales

El arte de las hermanas Mendoza

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por Javier Martínez Staines

Samuel es oriundo de San Jerónimo Tlacochahuaya, pueblo de los valles centrales de Oaxaca, cercano al célebre Santa María del Tule. Como en tantísimas historias mexicanas, Sam, como él mismo se autonombra, se fue a buscar fortuna a Estados Unidos para dejar atrás la falta de oportunidades de su tierra. Fue a dar a California, a Los Angeles, donde trabajó por quince años ininterrumpidos en un supermercado. En los primeros seis años no tuvo un solo día de vacaciones: seis días a la semana en jornadas de doce horas.

Pero Sam volvió a Tlacochahuaya hace unos meses. No tendrá que sufrir a Trump ni a su séquito xenofóbico y racista. Ha vuelto a ser agricultor, a trabajar su tierra para cultivar maíz, frijol, chile de agua y otras hortalizas en su milpa. Para completar el mes, se ha asociado con Pablo Morales, emprendedor de Tlacochahuaya que invirtió todo lo que tenía para comprar unas bicicletas.

Gran apuesta para deleite de quienes visitamos los valles centrales cuando la brújula vacacional apunta a Oaxaca. Conocedor de casi todos los pueblos de los valles zapotecas, Pablo ahora tiene ya diez bicicletas y es el mejor guía posible para pedalear por caminos rurales y pequeños senderos en cuatro rutas distintas. Su empresa, llamada Mibici, es ejemplar: pasear visitantes por pequeños pueblos y discretas casas donde se llevan a cabo tradiciones centenarias de distintos artesanos, provocando derrama en lugares donde de otra manera no ocurriría. Todas parten de su pueblo, el del majestuoso templo dominico, y en esta ocasión nos dirigimos hacia Teotitlán del Valle (a 16 kilómetros), con escala en las ruinas de Dainzú, reminiscencia discreta del esplendor zapoteca. De ahí partimos hacia Teotitlán, en los pies de la Sierra de Juárez, capital del hilado con lana, donde nos abrió las puertas Josefina, mujer fundamental en la tradición lugareña de utilizar sólo tintes naturales. Antes de la demostración de su arte, ella y su madre (maestra de la rueca y del peinado de la lana) nos deleitan con chocolate y conchas, memelitas y quesadillas con masa recién hecha. En caso de que fuera domingo, lo ideal es alargar el recorrido hasta Tlacolula, donde el mercado es el más importante de todo el valle central.

Pero también se puede hacer la segunda ruta, hacia Rojas de Cuauhtémoc, donde Elisa vende a granel la leche que producen sus vacas y elabora quesos frescos y quesillo; hacia San Sebastián Teitipac, donde Zacarías hace hablar a las piedras con su cincel y su martillo, hasta convertir las pesadas losas en molcajetes y metates; hacia San Juan Teitipac, donde Don Misael, el glorioso panadero despierta diariamente a las 4 AM a encender su horno de tierra y adobe, en donde elabora sus panes con ajonjolí y conchas.

Pero hay otras dos rutas. En una de ellas, se visita San Martín Tilcajete, uno de los dos pueblos más relevantes (junto con San Antonio Arrazola, justo debajo de Monte Albán) en el arte de los alebrijes, esos animales fantásticos que alcanzan dimensiones mágicas. O a San Marcos Tlapazola, donde un colectivo de mujeres hace verdaderas proezas con el barro rojo.

Puedes ver el detalle de rutas y kilómetros de recorrido en este mapa:

Rutas de Mibici

Para mayor información, visita la página de Facebook: https://www.facebook.com/mibicioaxaca/