Lotería para entender al mexicano

Lotería para entender al mexicano

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Por Jimena Zárate

La idiosincracia única y retorcida del mexicano ha causado, de hecho, un cambio en el lenguaje. Los mexicanismos —algunos reconocidos por la Real Academia Española y otros aún no— se han abierto paso para podernos definir, para podernos entender entre nosotros. Y sólo entre nosotros. Estos son algunos.

  1. La amabilidad mexicana, ¿mande? 

México es el único país en donde se contesta con un “no, gracias” si te piden limosna, en donde te invitan a retirarte, pero no te corren, y en donde si no dejas que te “manden” eres un maleducado. Nuestra amabilidad llega hasta el punto de la sumisión, pero eso sí, como el servicio mexicano, no hay dos.

El amable

  1. El arte de hacernos guaje. 

Los mexicanos somos muy dados a hacernos guaje ante lo que no nos conviene, a hacernos weyes con los impuestos,  o a hacer como que la virgen nos habla cuando nos invitan a casa de la suegra. En fin, navegamos con bandera de pendejos con tal de no asumir ciertas responsabilidades.

El guaje

3) El valemadrismo o la ley del mínimo esfuerzo. 

El valemadrismo como patrimonio intangible de nuestro país. Los mexicanos tenemos fama de hacer las cosas al ahí se va y quizás por eso no terminemos de exigirle a nuestro gobierno cuando entrega obras públicas mal hechas o hace las cosas al chilazo. Porque incluso con nuestras propias responsabilidades hacemos lo mismo, o ¿quién no ha estudiado al aventón y comido en chinga?

El valemadrista

4) Dignos hijos del Borras 

Aquí todos somos cafres. Por algo desde pequeños nos enseñan a voltear a los dos lados antes de cruzar la calle (sin importar que sea de un sólo sentido), a cuidarnos del automovilista y orillarnos a la orilla cuando el poli así lo demande. Somos fieles hijos del Borras, lo conozcan o no. Lo primero es aventar la lámina y, ante la incertidumbre de la reversa, siempre es golpe avisa.

El hijo del Borras

5)  El Lord o Lady que todos llevamos dentro. 

Desde el Gentleman de las Lomas, hasta #Lady100pesos o #LadyLentejuela, estos célebres personajes por un lado, encarnan la prepotencia y el clasicismo mexicano y por otro, nuestro disfrute ver a alguien ‘poderoso’ en una situación comprometida. Porque al final verlos exhibidos, sacia nuestro resentimiento al saber que por lo menos por esa vez, al rico y poderoso no le fue tan bien, y aunque sea sólo por esa ocasión, yo estoy mejor que él.

Sin embargo, el acceso a tan ‘distinguida’ nobleza moderna es bastante democrático, ya que para ganarnos el prefijo, sólo bastará con que nos cachen pasándonos la ley por encima (situación que todos hemos logrado alguna vez), intentando pendejear al prójimo o hacerle ver que ahí sólo nuestros chicharrones truenan y claro, que haya alguien que pueda documentarlo.

La lady

6) El ingenio mexicano. 

El mexicano ha aprendido a arreglárselas mejor que nadie ante la adversidad. Quizás, nuestro ingenio sea el mejor legado que la posibilidad de saltarnos las leyes sin sanción y la desigualdad nos han dejado. Con nuestro ingenio solucionamos imprevistos por mientras, así, al chilazo (ver punto 3), encontramos nuevas formas de ganar dinero, de ahorrárnoslo o simplemente de divertirnos, ¿hay mejores memes que los mexicanos? Nuestro ingenio forma parte de nuestra chingonería y nos demuestra que un mexicano (cuando quiere) lo puede todo.

El ingenioso

 

7) El Machismo y sus machos (El macho)

En nuestras películas, nuestras canciones y nuestras calles (no se diga en las borracheras), abundan esos hombres que intentan probar que son todo menos inferiores, aunque nadie los haya acusado de ello.  

Desde Pedro Infante hasta Mauricio Garcés y pasando por Gordolfo Gelatino, la figura del macho forma parte de la mitología nacional. Un problema del mexicano que muchos confunden como emblema del mismo. De ahí que México sea el único país en donde a las mujeres las matan con una sobredosis de ternura y las ahogan con besos y dulzura. Los machos mexicanos son aquellos que no se rajan y que no lloran. Esos hombres que ninguna madre mexicana quiere como yernos, pero que muchas aplauden como hijos, pues en el fondo a más de una le parece un insulto acusar a su hijo de mandilón. ¡Arrozzz!

El macho

8) El desmadre por el desmadre 

Aquí, el hecho a conmemorar se vuelve el mero pretexto. Efusivos, gritones y estridentes, primero echar la casa por la ventana a quedarnos sin mariachi en el evento. Y si tenemos que hacer coperacha milagrosamente se nos quita lo codos por un momento, todo sea en nombre del desmadre.

Para fiestas, nos pintamos solos. Los quince años los festejamos al punto del ridículo y si no hay fiesta nos la inventamos y si no, caemos de gorra. Porque al final, sólo buscamos una oportunidad para olvidarnos un poquito de lo mucho que anda mal y reafirmar que no importa cuan jodidos estemos, aunque sea una vez al año, podemos darnos nuestros lujos. Tampoco importa si el país se cae a pedazos, porque somos los más felices del mundo y mientras que el tequila corra y la comida no se acabe, se vale festejar.

El desmadroso