Mercados: tradicionales vs. trendys

San Juan

San Juan

San Juan

San Juan

Mercado Milan

Mercado Milan

Mercado Milan

Mercado Milan

Mercado Medellin

Mercado Medellin

Mercado Medellin

Mercado Medellin

Mercado Roma

Mercado Roma

Mercado Roma

Mercado del Carmen

Mercado del Carmen

Mercado del Carmen

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por Andrea Mireille (Fotos: Cecilia Suárez)

 

En los últimos tiempos han surgido espacios que se anuncian como mercados, pero cómo competir contra los antiguos mercados tradicionales de esta ciudad.

A un mercado, podríamos definirlo como un lugar público donde la gente se reúne para vender y comprar bienes. Pero cualquiera que haya recorrido un mercado sabe que es mucho más que sólo eso, es una experiencia de convivencia y es la mejor manera de conocer a la gente de un lugar. Un mercado es un punto de confluencia de necesidades y costumbres, es un punto de encuentro, es un lugar vivo donde la experiencia nunca se repite.

En los últimos años, en la Ciudad de México han brotado diversos lugares que ocupan el concepto y la palabra mercado para definirse. Lugares que además se han ganado los calificativos más socorridos de esta época: cool, hip, chic, trendy. O hipster, pues.

Estos nuevos mercados se erigen como la nueva tendencia, pero se incrustan en un lugar que tiene una larga y añeja tradición en el concepto de mercados.

Desde la Gran Tenochtitlán
A su llegada, los conquistadores quedaron impresionados con los tianguis que se montaban en México. El tianguis de Tlatelolco llegó a ser el más grande de la Gran Tenochtitlán, donde se congregaban hasta 50,000 personas que llegaban en busca de carne, fruta, condimentos, semillas, vegetales, miel, huevos y productos del mar.

Luego de la conquista, además de los productos locales, se vendían las cosas traídas de España, y hasta principios del siglo XIX las mercancías eran pagadas con semillas de cacao.

Tras la Independencia, uno de los mercados principales era El Parián, inaugurado en 1703, pero la oferta era variada y desde entonces hasta la fecha; en 1863 se inauguró La Merced, y en 1893, La Lagunilla y así sucesivamente. En la actualidad, según la Gaceta Oficial de la Ciudad de México, hay 329 establecimientos de este tipo.

Como un proceso evolutivo natural, muchos mercados han ido transformándose y ya no son lo mismo que hace quinientos años. Además, está esta nueva camada de mercados que pretende sofisticar la oferta, aunque mantienen la esencia de un mercado. La comparación, sin embargo, es inevitable y por eso hicimos un pequeño enfrentamiento y visitamos dos de los mercados más tradicionales en la ciudad, con dos de los nuevos con conceptos novedosos. Por supuesto, la comparación debe hacerla cada quien y la última palabra será de cada comensal, pero esta es la pregunta: ¿Prefieren un mercado tradicional o uno de lo nuevos?

 

EL RECORRIDO

  • Mercado de San Juan
    Es la hora de la comida en el Mercado de San Juan y sus pasillos rebosan de gente comprando víveres o sopesando dónde van a comer. Ubicado en la calle de Ernesto Pugibet —de donde obtiene su nombre oficial, por cierto—, este es el ejemplo perfecto de un mercado tradicional, con más 150 años de antigüedad, que ha sido sufriendo mutaciones para que ahora los visitantes puedan encontrar tapas, sushi, tostadas de jabalí, venado, hamburguesas de cocodrilo y baguettes que se acompañan con vino. Respetando el concepto de un mercado tradicional, los precios son accesibles, pero por más modestos que parezcan los locales, la comida que ofrecen es para los paladares más exigentes.
    Entre los locales más populares de este mercado están Las Tapas de San Juan, antes conocido como La Jersey, donde se venden quesos importados, carnes frías y se pueden comer tapas preparadas ahí delante de uno, acompañadas de una copa de vino. Este sitio se ha hecho tan famoso, que ya ahora tiene una sucursal: un local pequeño en el complejo del Hotel Down Town, en la calle de Isabel La Católica, en el centro. Pero todo comenzó en el corazón del Mercado de San Juan.
    Entre la amplia oferta del mercado uno puede encontrar también un local que vende imágenes religiosas y hasta una sastrería. En medio de todo, como en cualquier mercado que se respete, hay una imagen de la virgen que resguarda la tranquilidad de este remanso gourmet de la urbe.
  • Mercado Roma
    En el otro extremo del espectro está el Mercado Roma, donde se percibe un ambiente distinto, más elitista, más elaborado. Este lugar es intransitable los fines de semana y en las puertas del lugar, en la calle de Querétaro, en la colonia Roma, se agolpan los autos de lujo en que los comensales llegan o se van. Sin embargo, en martes es posible comer y caminar sin problemas por los estrechos pasillos de este mercado de comida preparada. La oferta de comida no es tan exótica, pero sí se encuentran cosas como la carne de ganado Wagyu, de origen japonés, pero por lo demás la oferta de pequeños restaurantes es bastante normal. Pero lo que aleja este sitio de los mercados tradicionales, son los precios un tanto elevados: por ejemplo, un taco de barbacoa puede costar 50 pesos, o bien, una paleta cuesta 30 pesos.
    Por otro lado, contrario a lo que se piensa, de la oferta del Mercado Roma, casi nada es orgánico. Algunos de los locatarios afirmaron, al principio, que sí, pero al cuestionarles si estaban seguros o tenían algún certificado de la cualidad orgánica de sus productos, dijeron que no. Vale una mención especial para el personal de La Ahumadora, local que ofrece pescados y mariscos ahumados o a la parrilla, quienes me enseñaron datos y conversaciones con sus proveedores locales; pero si la mercancía es orgánica o no, es cuestión de buena voluntad, de confiar en lo dicho con los proveedores.
    En el Mercado Roma, más bien se emulan los elementos de los mercados tradicionales, como la forma de los puestos, los bancos, algunos adornos o utensilios (como los vitroleros de aguas frescas), las mesas para los comensales y la música popular, pero se queda en eso. Una imitación del ambiente, con comida gourmet a precios elevados.
  • Mercado de Medellín
    También en la colonia Roma, a pocas cuadras del Mercado Roma, se encuentra el Mercado Melchor Ocampo, mejor conocido como el Mercado de Medellín, uno de los más tradicionales de la ciudad. El edifico original del mercado fue construido en 1931, aunque luego se demolió para construir el actual en los años 60.
    La oferta es de mercancía tradicional, carne, fruta, verdura, así como algunas cosas que ofrecen una probadita de distintas partes de América Latina. En esa zona de la ciudad se ha agrupado mucha oferta de restaurantes y tiendas de productos colombianos y eso se refleja en el mercado, también. Por ejemplo, pueden encontrarse arepas, café colombiano, yuca, churrasco, helados cubanos, incluso comida yucateca.
    A pesar de la oferta de productos internacionales, sigue siendo un mercado tradicional; asimismo, uno puede encontrar productos como ropa, calzado, juguetes y hasta árboles de navidad en la época.
    Una recomendación es visitar este lugar con el estómago vacío y con tiempo, para recorrerlo tranquilamente y comer bien durante su estancia.
  • Milán 44
    La última parada del recorrido fue en la colonia Juárez, en el Milán 44, un espacio de comida y abarrotes —como ellos se anuncian— que abrió a principios de este año. De lo más nuevo que hay en la ciudad.
    Este lugar podría catalogarse como un híbrido entre un mercado tradicional con productos sofisticados (como cupcakes y tés) y un mercado de comida gourmet más en el tono del Mercado Roma, aunque su oferta es mucho más amplia, ya que se imparten clases de yoga, cuenta con una barbería y hasta se venden flores; además, el mercado ocupa un edifico de cuatro pisos y hasta arriba hay una espectacular vista de la colonia. Dentro de la misma definición que usa el sitio, se encuentra la palabra barrio y explican en su página web que uno de sus objetivos es brindarle al barrio un espacio de convivencia, lo que se logra con una oferta sofisticada para los nuevos residentes de esta colonia que ha ido sufriendo una transformación en los últimos años.
    Sin embargo, si lo comparamos con un mercado tradicional, la fruta, por ejemplo, dejaba mucho desear porque lucía agónica, y la que ya estaba cortada y dispuesta en vasos era una porción muy pequeña a un precio elevado.