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Otra vez esta bendita felicidad

En el muro blanco de Zandunga, un muy popular restaurante de cocina istmeña en el corazón céntrico de la ciudad […]

En el muro blanco de Zandunga, un muy popular restaurante de cocina istmeña en el corazón céntrico de la ciudad de Oaxaca, se le rinde merecido homenaje al mezcal. Hoy día, se le concede el honor a una frase de Manuel Matus: “El mezcal nos libera de una sed infinita de eternidad”.

Si el elíxir de agave, tradición etílica tan mexicana que tiene su epicentro en el estado de Oaxaca, tiene como característica la de destapar el tercer ojo del consumidor responsable (oh, ese ingreso cadencioso a ese otro estado de conciencia), no sorprende que distintos orfebres de las letras le rindan tributo a través de poesía y de prosa.

Así lo enunció el poeta Andrés Henestrosa: “Quien lo gusta tiene otro cielo, otro suelo: mejora la vida, promueve el anhelo de seguir vivo. ¿Por qué creen que he llegado a mis cien años? Porque siempre gusto de un trago de mezcal. El que sea, que siendo de Oaxaca, hace del mal un bien, y del bien un doble bien.”

Él mismo lo escribió de otro modo, contundente e inspirador:

El mezcal, bebida mística, mágica, afrodisiaca y

extraordinaria. Cuando se bebe en cantidades razonables,

despierta el espíritu, calma el desamor, estimula la

imaginación, borra resentimientos, acompaña en la soledad

y hace que el mundo se vea mucho mejor

Nunca nuestra sección Corazón Contento ha reflejado con tanta claridad el espíritu de su nombre. Si tienen ocasión, marídenlo con cocina oaxaqueña. Feliz viaje y salud.

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