Quién es Chula, The Clown

Gaby y Chula, una y la misma. Fotografias: Cecilia Suárez.

Compartir:

Por Milagro Urquieta

Cuando el clown de Gaby Muñoz sale a conversar descubrimos su esencia, sus miedos, empatías y uno que otro pasaje oscuro. Todo eso que da vida a sus personajes, como el que protagoniza en Perhaps, Perhaps…Quizás, en Cine Tonalá todos los fines de semana de agosto.

 

Me significa un reto seguir siendo visible. Seguir en contacto con lo más básico y frágil de mí. Me da miedo perderlo, que se convierta en una fórmula de conexión. Porque le quitaría ese nerviosismo o esa palpitación al corazón.

 

Esta dualidad de ser adulto y de vivir con una niñez es hermosa y confusa. Muchas veces he querido que ya termine. Creo que porque la sociedad establece que cuando ya eres adulto eres responsable y yo, en cambio, busco un mundo entre la fantasía y la realidad.

 

Ya no me da miedo jugar con los temas que quiero explorar. Que podrían ser épicos o verse como temas clichés, como la manera en que yo me relaciono con el amor, la muerte, la soledad y con la oscuridad, con la luz y la esperanza.

4

Por esa soledad, hice un amigo imaginario cuando mis papás se divorciaron. A ese amigo le entregué un poder para que me cuidara y no me dejara nunca. En muchos rituales y chamanes a los que he ido lo han sentido y una brujita hermosa me dijo que “es un buitre, ya lo vi, y está ahí cuidándote, pero ya tienes que decirle adiós”.

 

Si mi corazón hablara me agradecería mucho sentir de una manera tan intensa. Me gustan las relaciones que son reales, no me gusta el small talk, la banalidad. Me gusta la fragilidad, el llorar, sentir miedo.

 

Durante muchos años tuve una desconexión con mi cuerpo. Alimenté mi alma muchísimo más de lo que tenía que alimentarme visualmente, físicamente. No hubo un equilibrio. Por eso me cuesta más trabajo mostrar mi cuerpo con mis amigos que en un foro con 500 personas, donde puedo estar en brasier y calzón. Justamente porque estoy poniendo un dedo en eso.

 

Yo quería ser actriz y me decían: No estás tan guapa, chava. O no tan flaca o no tan alta; no cumples con el estereotipo. Eso me pegó a cierta edad. Con mi payaso fue lo opuesto. Eres mujer, no puedes ser clown. Tienes que ser la musa. Encontrar la cercanía con ser mujer fue aliviar esa carencia.

2

A los 17 años estuve un mes en coma. Para todo el mundo era la freak de la escuela y tuve que reconstruir mi universo y cuestionarme: qué es lo importante, qué es lo que yo quiero ser que no tiene que ver con los demás, sin ser la víctima. Aprendí a confiar, a soltar y a enfocar mi vida en cosas que me inspiran.

 

Tuve un sueño de tres días. Era sobre una Coca Cola Light que se derretía y yo no la podía agarrar. Me gusta la idea de compartir estas experiencias, así encontré mi pertenencia. Sí, me pasó a mí, pero también le ha pasado a mucha gente y no tiene que ser el mismo viaje. Cada quien hace su propia experiencia y reflexión.

La muerte es lo máximo. Es como estar bajo el agua todo el tiempo, aunque los oídos medio se tapan. Esa sensación da mucha paz. Acaricié mi lado más oscuro. Nunca tuve miedo. Está más loco ver la muerte como algo separado de nosotros. Cuando la ves como el transformar nuestra energía en algo más, la vida presente es mucho más rica, se vive desde otro lugar.

 

Siempre he tenido una muy bonita relación con mi soledad. La he disfrutado mucho. Nunca he sido de tener muchas parejas; ahora que tengo una es un momento increíble. Pero sí necesito mis espacios; es algo natural.

9

Me cuestiono la pérdida de la memoria con la edad. Lo veo con gente mayor, con la que siempre me he relacionado. Uno de mis mejores amigos tiene 75 años. Será porque me encanta escuchar las experiencias de vida. Esa pérdida me sacude de donde estoy.

 

Cuando fui como payaso a los campos de refugiados en Palestina fue muy fuerte la separación con los niños. Su manera de jugar era picarte con palos y aventarte piedras, pero no lo hacen para lastimarte. Una vez que pasa esa desconfianza y esa lejanía de saber a qué vas, se establece un vínculo profundo.

 

Mi identidad se la debo a mi papá. Un abogado retirado con alma de payaso que me guió a no ver la vida completamente de frente. Sino a voltear un poco la cabeza. A un encontrar un poco de libertad. Sí, hay que tener objetivos. Pero también se puede llegar a ellos bailando y no con tanta prisa.

EXPOSICIONMULTIPLE_2