Sin desperdicios

En México, se desperdician 1,127 toneladas de alimento a la semana.

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Por Jimena Zárate

Con un cambio de mentalidad, estas son algunas cosas que se empiezan a hacer para reducir el creciente problema de desperdicio de alimento en el mundo y combatir así el hambre.

 

El desperdicio de alimentos genera cifras alarmantes en todo el planeta. Sin embargo, países como Francia, Alemania y México comienzan a aplicar propuestas para revertir la magnitud del problema.

Según un informe de la Oficina de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), 842 millones de personas en el mundo sufren de hambre crónica, aunque gracias a los avances biotecnológicos, la humanidad produce la cantidad necesaria de alimento para abastecer a la población entera. ¿El problema? El desperdicio y la mala distribución de los alimentos.

 

El problema local
En México, se desperdician 1,127 toneladas de alimento a la semana, según el Índice de Desperdicio de Alimentos en América Latina de la FAO; es decir, se desperdicia el 37.26% de los alimentos producidos en el país durante ese mismo lapso. Con esto, en esa misma semana, se podría alimentar a 7.6 millones de personas en pobreza extrema.

Según el reporte de la FAO, los alimentos que más se desperdician en México son: la guayaba, la leche de vaca, el mango, los pescados, el aguacate, el plátano, el nopal, entre otros productos.

Las razones principales de este desperdicio van desde la falta de estándares de calidad, el mal manejo en la transportación, distribución y almacenaje y el personal sin la capacitación necesaria, hasta la sobre madurez del producto y las compras excesivas que acaban por no ser consumidas. Es decir, en todos los eslabones de la vida del alimento hay desperdicio.

 

En la CDMX
Estas cifras tan alarmantes nos llevan a pensar en que hay que hacer algo al respecto, y al parecer no todas son malas noticias. Por lo menos en la Ciudad de México hay cierta consciencia de este problema.

A principios de año y a partir del reporte publicado por la FAO, la Secretaría de Economía y Desarrollo de la ciudad, la oficina de la FAO en México y la Central de Abastos se unieron para formular una política pública de cero desperdicio de alimentos en la capital del país.

Estos organismos, junto con expertos brasileños, coincidieron en un taller a principios de año donde analizaron los modelos de rescate de alimento fresco aplicados en otras ciudades, con lo que el gobierno de la Ciudad de México aseguró que durante los próximos meses estará trabajando para crear una estrategia que elimine las malas prácticas de conservación y transporte de los alimentos.

A partir de esto, se planea que antes del año 2018 la ciudad tenga una ley para que el alimento que esté en buenas condiciones, pueda redistribuirse y alimentar a las familias que más lo necesitan en lugar de engrosar el producto desperdiciado.

 

Los franceses ponen el ejemplo
Francia es un ejemplo en materia de cero desperdicio de alimentos. El 3 de febrero pasado fue aprobada por unanimidad en el Senado francés, una ley que deberá aplicarse en cualquier supermercado que sobrepase los 400 metros cuadrados y que prohíbe tirar o desechar alimentos que no se vendan y los obliga a donar dichos productos a organizaciones no gubernamentales o bancos de alimentos para su distribución. Las multas contra las tiendas que ni cumplan esta nueva ley pueden llegar hasta los 3,750 euros.

Arash Debambarsh, quien comenzó esta iniciativa, está ahora concentrado en que la ley se expanda a toda la Unión Europea y que abarque, además, restaurantes y comedores escolares y empresariales.

 

Regresando a los orígenes
Aunque por el momento los alemanes no cuentan con una ley similar, a partir de septiembre del 2014, el Original Unverpackt (OU) abrió sus puertas en Berlín. Este es un supermercado que se jacta de generar cero desperdicio en una ciudad que produce 16,000 toneladas de basura por envases de comida al año.

Ir al OU es como ir a un mercado de la Ciudad de México, porque ningún producto lo venden empacado. El cliente escoge los productos, pero a diferencia con los mercados en México, no hay bolsas de plástico (como aquí en los viejos tiempos). Los productos se venden a granel y los clientes pueden, en todo caso, llevar sus propios envases o bolsas, o bien comprar envases de vidrio o bolsas de papel reciclado que venden ahí mismo. Otros dos criterios que utiliza esta tienda son que sus productos deben ser orgánicos y elaborados en la misma localidad, con lo que claramente se reduce la huella de carbono.