SUSCRÍBETE AL NEWSLETTER

Términos latinos para referirse al sexo

América Latina tiene su propia Torre de Babel en el lenguaje referente al sexo: Es cierto que el vínculo esencial […]

América Latina tiene su propia Torre de Babel en el lenguaje referente al sexo:

Es cierto que el vínculo esencial que nos hermana a los latinoamericanos es la lengua. El español no hace sentir uno solo, a pesar de los modismos y dichos de cada país e incluso región. Sin embargo, a la hora de la conquista y el amor, son muchos los modismos y los términos instalados en la cultura cotidiana que poco ayudan a esa hermandad latinoamericana, sino más bien nos hacen susceptibles de ser malinterpretados. Tremendos líos o pedos o rollos los que pueden armarse…

Que una mujer esté guapa es un decir universal en habla hispana, pero mientras en México esa mujer es un cuero, en Perú y Colombia es un churro, pero también en Colombia y Venezuela se van por la animalización (grrr… quién sabe por qué) al decir que se trata de una hembra, un potro o una yegua. En la mayoría de países, ellos más bien están buenos, para lo que cada cual necesite que lo estén.

La historia de la conquista inicia.

Si una persona te gusta es que en Colombia te tragaste de ella, mientras los argentinos piensan que les cabe. En Argentina, si la deseas, la ratoneas, mientras que en otros países ratonear es robarse la comida de la alacena a media noche, a lo ratón, y en Ecuador más bien te clavas. Ya se sabe: el que se clava pierde.

Si se trata de ligarse a alguien, los argentinos chamullan o levantan, igual que los peruanos y colombianos, mientras los chilenos jotean o pinchan. Pero los ecuatorianos vacilan y los peruanos gilean. Y bueno, en México se echan los perros y en Colombia se tiran… los perros. ¿Se echan, se tiran? Las sutilezas del idioma.

Todo empieza con un beso mexicano, una chupada colombiana, un calugazo chileno, una chuponeada uruguaya, una chapeada peruana y una transada argentina. Y ya conquistada la presa, en la mayoría de los países de América Latina las parejas, o los tríos o… tienen sexo o tiran, aunque en México cojan o planchen, y en Argentina garchen y culeen. Hola, te llamo luego, ¡justo estoy planchando! Y no confundirlo con la música de plancha colombiana.

En plena acción, los mexicanos se vienen mientras la mayoría de latinoamericanos acaban y los peruanos ni terminan ni acaban se vienen a llegan a ningún lado, simplemente llegan. Punto.

Y si la escena incluye sexo oral, algunos hacen pete, sí, los argentinos y los uruguayos. Por su parte los venezolanos y colombianos maman mientras los peruanos hacen la sopa y los mexicanos lo que hacen es el guaguis o bajan por los chescos (refrescos), cierto, un poco más vulgar.

Si tienes un amante, en México, has puesto una casa chica o capillita, pero a lo argentino te hiciste a una pata de lana (¿?…), aunque en Colombia y Ecuador la acción es más directa: tienes una moza o mozo, que también es mesero en colombiano. Los venezolano esconden más esa relación al decir que camuflan o que tienes un culo (¿de quién?). Y los peruanos, más sencillitos, se quedan con la otra o el otro.

Con el amante a bordo, los venezolanos, ecuatorianos y colombianos ponen los cachos. Un peruano se vuelve un cachudo y un colombiano un cachón. No olvidar la clásica rola del “Santo cachón”. En México lo que se ponen son los cuernos, pero los chilenos, con más discreción, prefieren pone el gorro. Los argentinos no ponen cuernos ni gorros, sino que los meten: meten los cuernos. Uy.

Y antes de la cogida, planchada o tirada, siempre está el calentamiento. A lo mexicano se faja, a lo colombiano se bluyinea o se rumbea (me lo rumbié anoche), a lo chileno se calienta o se poncea, aunque en Perú se chapea mientras los venezolanos hacen el cebo y los argentinos se limitan a transar.

Al final de tantos ires y venires, todo se acaba, pero ese mal de amores, sí, ese despecho, no tiene sino un modo de decirse y es en colombiano: la tusa. Esa sensación de muerte en vida, de autoestima caída, de depresión mezclada con coraje y sed venganza, ese sentir como de haber perdido un brazo… En Venezuela es guayabo, que es la misma cruda mexicana en Colombia.

Y ni se diga cuando hablemos, sin pelos en la lengua, sobre los órganos involucrados en las acciones amatorias. El pito en México no es para pitar, como el pico en Chile no es de ave y el huevo en Ecuador y Venezuela no se hace estrellado o frito. En Perú a ese instrumento se le conoce como pincho en Perú que es para los colombianos la brocheta mexicana. Y para completar, en Uruguay la pija no es la niña fresa de los españoles, es la que llaman chota en Argentina.

Pero más enredado aún es el ritual de masturbarse entre latinos. Mientras los peruanos, ecuatorianos y colombianos se ponen buscan una chaqueta para el frío, los mexicanos se la hacen, quizás también para el frío, pero la que se ponen es la chamarra. Pero si de auto satisfacción se trata, en Colombia y Uruguay más bien se hacen la paja o hablan paja que es echar choro en mexicano. Aunque en Perú mejor se calientan, en Chile las chicas se gatillean. ¡No piensen mal, no se disparan, cero violencia!

Ellas, las brasileñas, tienen buseta, sí vagina, que en Chile es un sapo (que no salta, no siempre) y en Uruguay una concha, pero no de nácar. Como la chocha en Colombia que termina siendo una papa peruana, una mera cuchara venezolana y la cajeta en Argentina, que no es para crepas como en México.

No está tan fácil el coqueteo entre los latinos, con un solo término más usado podemos sucumbir en el intento… Creo que no sobra hacer un diccionario latinoamericano específicamente elaborado para el éxito en los intentos de conquista y planes eróticos.

 

Tags
Compartir
Share on FacebookGoogle+Tweet about this on TwitterShare on LinkedIn