SUSCRÍBETE AL NEWSLETTER

Tú quieres ser un nómada digital (pero no lo sabes todavía)

Este texto pretende explicar qué es un nómada digital y cómo volverse uno. En palabras menos millennial: cómo construir una vida […]

Este texto pretende explicar qué es un nómada digital y cómo volverse uno. En palabras menos millennial: cómo construir una vida en la que uno pueda viajar constantemente y por todo el mundo, sin dejar de trabajar o de ganar dinero o de tener relaciones significativas. O sea: este texto es una suerte de manifiesto contra la vida de oficina (Hola, amigos Godínez que nos leen desde el cubículo: este texto es, quizá, para ustedes. Provechito).

Mentiría si no confesara aquí, al mero inicio, que este texto tiene una motivación sumamente personal, acaso mucho más personal de lo que se supone debería ser un texto de carácter principalmente informativo (si las historias personales no son lo tuyo o está a punto de terminar tu hora de comida, salta al siguiente apartado). Empezaré diciendo brevemente algo sobre mí: mi nombre es Ruy, soy escritor, y hace poco más de tres años mi novia Carlota y yo decidimos hacer un viaje de seis meses, lo más pronto posible; más precisamente, decidimos (no creo que sea necesario precisar que fue una noche con algunas copas de más, tras el nacimiento de nuestro primer sobrino, ante la recién adquirida noción de que pronto-nosotros- también-seremos- padres) que antes de “dar por comenzado el resto de nuestra Vida Adulta” queríamos dar una vuelta al mundo.

Así: ponerle pausa a todo y recorrer la proverbial circunferencia del globo. Allá en la segunda mitad de 2013, nos pusimos a ahorrar un buen porcentaje de nuestro ingreso, como degenerados: silenciosamente. Y la verdad es que dejamos de pensar en el tema durante dos sólidos años.

A finales de 2015, nos percatamos de que la fecha que nos habíamos propuesto para partir se acercaba, de modo que empezamos a trazar una ruta, que pronto se volvió demasiado ambiciosa para los seis meses prefigurados: hicimos cuentas de lo ahorrado, y vimos que sería posible estirar el presupuesto para estar un año en el camino. Pero el mundo es un lugar enorme e increíble (tanto, que es susceptible de ser calificado por adjetivos clicheteros como estos sin que tales adjetivos resulten demasiado clicheteros), así que, pronto, estábamos hablando de un año y medio de viajar por el mundo. Nos pareció, seguramente con mucha razón, que decir que estaríamos “de viaje” (o, como decíamos al principio, “de luna de miel”) por un año y medio no sólo sería un poco ridículo, sino pedante y, además, incorrecto: al trazar la ruta dejamos de pensar, poco a poco, en un viaje tradicional, del tipo guía de turistas y monumentos fotografiables, y empezamos a trazar cada vez más una forma de viaje con estancias más largas en lugares sin grandes atracciones, traslados más lentos, menos glamurosos, proyectos personales de investigación y de escritura: trabajo o, mejor, trabahobbie. Por un lado, porque el presupuesto no podría cubrir un año y medio (o dos, o los que sea que terminen siendo al final de la planeación, que seguimos haciendo) y, por otro, porque esta es una oportunidad dorada para, de una buena vez por todas, hacer todos los días algo que de verdad nos apasiona. De modo que empezamos a buscar formas de respaldar el viaje (nótese que no uso esa horrible palabra, “monetizar”, ni su hermana peinada, “financiar”): hemos pasado muchos días pensando en opciones para escribir, hacer consultorías, vender productos, y muchas otras cosas (no se limite, querido lector, si de pronto quiere compartir alguna idea con nosotros: seguimos en la búsqueda) para permitirnos viajar más, hacer más, conocer más.

Fue así, buscando ocupaciones que pudiéramos llevar al hombro durante este viaje, que encontramos el término “nómada digital”, y nos dimos cuenta de que estábamos a punto de hacernos parte de esa ¿tribu global? ¿onda hipster? ¿forma de vida?

No importa. Este texto es, pues, una guía personal con los hallazgos que hemos hecho sobre nomadismo digital, los conceptos que debemos ajustar (o, para volver a usar los términos millennial: el cambio de mindset que debemos hacer), los recursos que, creemos, nos serán de mucha utilidad durante lo que ahora ya no llamamos “viaje”, sino “etapa nómada de nuestras vidas adultas”. Espero que a ustedes (oficinistas o no) les sirva de alguna inspiración.

¿De verdad puedo yo ser un nómada digital?

(Por si la introducción anterior fue demasiado larga para usted, querido lector, va una definición veloz) Un nómada digital es alguien que vive viajando y trabajando a la vez; la palabra “digital” se usa porque normalmente ese trabajo puede hacerse gracias a diversas herramientas digitales. Hace 25 años, ser consultor de marketing y viajar por el mundo a la vez era imposible; hoy no hay nada que lo impida. Sin embargo, hay que tener varias cosas claras.

1. No estás “siempre de vacaciones”, ni “vives turisteando”: ser nómada digital implica, sí, estar siempre en el camino, pero también implica trabajar duro. Una de mis mejores amigas, que es nómada digital desde hace años ya, asegura que, aunque todo mundo dice envidiar su vida, en realidad nadie sabe lo que dice: todos se imaginan viviendo en resorts de lujo, dándose la gran vida en la playa, pero nadie realmente visualiza que en la vida nómada también hay que trabajar. Y sí, las horas son más flexibles, pero también la incertidumbre puede ser mayor.

2. Es casi una obviedad, pero los gastos también empiezan a comportarse de un modo distinto, y hay que aprender a entenderlos. Dejarás de gastar en renta, gas, luz y gasolina, pero tendrás que gastar más en transporte, en estancia, en ciertas actividades (porque pues si estás en Cairns vas a querer bajar a la Gran Barrera de Coral, y si quieres bajar, tendrás que certificarte…). También tendrás que aprender a cocinar, a manejar (en el asiento derecho, a veces) y, en general, a ser más disciplinado con tu tiempo y tu dinero. No querrás estar en Samarcanda sin poder salir del café internet, ¿verdad?

3. Los parámetros para elegir destino serán distintos de los que usas cuando vas de vacaciones. Por un lado, elegir destino puede volverse más un asunto de oportunidad que uno de preferencia: en vez de pensar en qué tienes ganas y sobre eso escoger primero un destino y de ahí en adelante comprar vuelo, reservar hotel y planear actividades, empezarás a recibir notificaciones con ofertas de vuelos y, tras elegir la más barata o la más conveniente por ruta, harás un itinerario que te permita visitar, estar y trabajar, y luego elegirás una estancia que puedas pagar y que tenga los recursos necesarios para tu día a día: WiFi veloz, espacio para cocinar o lavar la ropa, transporte público cercano, etcétera. Es decir: cada que viajes será como elegir departamento al cual mudarte.

4. No todas las actividades y profesiones pueden adaptarse a una vida nómada, pero con algo de creatividad puedes encontrar el modo. Cierto, si eres cirujano difícilmente podrás tener la vida del diseñador que trabaja con vista a la bahía, pero quizá puedas aspirar a una temporada larga de varias estancias cortas en distintos países. Las industrias creativas están por el momento bendecidas para la vida nómada, pero cada vez más se ven asesores legales y comerciales, académicos, ingenieros… Por lo que Carlota y yo hemos visto, la clave está en imaginar escenarios arriesgados y no descartar posibilidades: volverse un poco un todólogo con causa (porque, hey, si en Dinamarca te pagan muy bien por cortar leña durante un par de meses, puedes poner en pausa tu carrera como proctólogo).

5. En lo mucho que hemos buscado y leído, la palabra que más se repite es flexibilidad. Volverse nómada digital, en un mundo que valora tanto el sedentarismo (y, vaya, se entiende: el sedentarismo nos dio civilización, y la civilización nos dio tele, comida rápida y pantuflas), implica poner a prueba muchos esquemas: doblarlos. No sólo la idea de no tener una residencia fija, sino la idea de vivir al día (ni los freelances tienen aguinaldo, menos los nómadas), la idea de que los planes pueden cambiar siempre, de que puede haber adversidades de todo tipo. Incluso aceptar que durante nuestra loca, loca aventura por el mundo podría morir un ser querido, pone a prueba nuestros parámetros de lo que es importante. Considerando todo esto, ser nómada tiene, como todo, dos lados:

Lo positivo:

  • Puedes conocer todo el planeta, viajar a tu ritmo, quedarte donde te gusta e irte de donde no: es la idílica vida de constante aventura.
  • Tienes absoluta libertad (siempre que la ejerzas en un lugar con WiFi veloz).
  • Dependes sólo de ti y de tu buen trabajo.
  • Tienes acceso a conocer muchas culturas, sin detenerte nunca.
  • No tienes que preocuparte por propiedades (sus deterioros y prediales, susverificaciones y robos de autopartes).
  • No necesitas vacaciones formales, porque siempre que te llegue la inspiración, el momento, el tiempo y el lugar, podrás escaparte a lugares exóticos.
  • Quizá lo más importante: puedes hacer del viaje un modo de vida, y con ello abrir la llave de tu propia creatividad y, eventualmente, dedicarte a lo que realmente te gusta, donde mejor te acomodes. Diría una cursi frase de un cursi libro que luego fue una cursi película de las hermanas Wachowski: viajarás lo suficientemente lejos como para encontrarte a ti mismo.

Lo negativo:

  • A veces tienes que quedarte en ciertos lugares más de lo que te gustaría porque es barato o porque tienes que acabar algún trabajo de emergencia. O, peor: a veces, por tener que terminar de trabajar, pasas el tiempo en algún lugar, pero no llegas a conocerlo.
  • Dependes de que los lugares a donde vas y donde vives temporalmente tengan todos los servicios.
  • Dependes sólo de ti y de que tu buen trabajo no sea interrumpido por las emociones y protuberancias del viaje.
  • Tienes acceso a muchas culturas, a muchos lugares y formas; pero nunca estarás del todo en casa (si es que para ti “casa” significa meramente una estructura en una calle de nombre específico, claro).
  • No tienes que preocuparte por propiedades… ni tampoco puedes tranquilizarte al pensar que las tienes. A veces, vivir de nómada implica no hacer ahorro para una departamento o para el retiro o para, bueno, un viaje.
  • Las vacaciones se volverán parte de tu día a día y, por tanto, dejarán de ser vacaciones.

Recursos para nómadas

Esta larga lista de audaces descubrimientos y poderosas declaraciones servirá para darte cuenta si de verdad quieres dejar la relativa comodidad del cubículo. Si después de leer esto estás encendido de pasión viajera (como nosotros y nuestras chabacanas frases), dejo aquí una lista de recursos que nos han servido a Carlota y a mí para planear nuestro propio período nómada. Algunos de ellos (los de la planeación) los hemos probado, pero hay otros que apenas pondremos a prueba el año que entra, cuando ya seamos nómadas en activo. Los dejo acá, en todo caso, a modo de una palmadita de suerte en la espalda para los que avienten la corbata.

Nómada digital/shutterstock

Planeación

Tripline. Esta chula aplicación-red social te sirve para trazar tu ruta, definir fechas y hasta compartir tu itinerario. Para nosotros ha sido un soporte visual que nos sirve para poner en perspectiva el viaje que queremos hacer (y para emocionarnos cada vez que vemos esa larguísima línea a lo largo de la pantalla).

Rome2Rio. Es a veces un poco ingenua y a veces no del todo acertada, pero esta página te sirve sobre todo para ver las posibles rutas entre A y B. Si bien los precios que arroja no siempre son certeros, por lo menos te darás una idea de lo que cuesta ir de, digamos, Roma a Río (¡ja!) en avión, en barco o en coche. Si pudieras ir en coche, claro…

Tripit. Para planear itinerarios con un detalle obsesivo. Ingresa en Tripit lo que quieres hacer, la dirección de tu estancia, tu reservación de vuelo y los días que estarás en la ciudad, y esta app te ayudará a organizarlo todo de la mejor forma posible, te avisará cuando sea hora de correr al aeropuerto (e incluso si tu vuelo se retrasa) y te dará direcciones exactas y mapas. Lo mejor: funciona sin conexión a internet.

Hipmunk. Hay miles de buscadores de vuelos, y aunque la mejor manera de encontrar los más baratos es cazando ofertas en tantos sitios como puedas, Hipmunk es la que mejor nos ha funcionado para comparar vuelos, aerolíneas, rutas, horarios, aeropuertos…(además, la ardilla-mascota es inquietantemente buena onda). Tiene el mejor parámetro para elegir vuelo: te aydará a encontrar el menos angustioso de ellos.

Trailwallet. No sólo permite llevar registro de gastos, sino que analiza cuán costosa es una ciudad, hace promedios diarios y hasta te dice cuál es la ciudad donde has hecho mejor uso del dinero.

Estancia

Roam. ¿Para qué rentar en una sola ciudad si puedes pagar una renta por tener depa en tres ciudades distintas? Eso es básicamente Roam, un servicio que ofrece estancias un poco más puestas para nómadas que puedan costear 1,800 dólares mensuales por tener estancia propia y siempre disponible en Bali, Madrid y Miami (y próximamente en Londres y Buenos Aires).

Agoda. Es el mejor buscador de hoteles en Asia, o eso dicen todos los que han pasado una larga temporada viajando en aquel continente. Y es, de verdad, impresionante: ¿18 dólares por noche en una habitación doble en Hong Kong? Venga.

Travel Pony. Y este es el mejor buscador de hoteles para el resto del mundo. Compara precios, tiene una interfaz muy decente, y te consigue deals realmente sorprendentes (incluso le gana a Hotwire, ese buscador que te hospeda en el hotel que mejor se ciña a tus requerimientos sin decirte cuál es).

Tingo. La ventaja de Tingo es que, si reservas un cuarto y después la tarifa de ese cuarto baja, la página te devuelve la diferencia. De modo que, si bien los precios iniciales no son tan bajos como en otros buscadores, puede ser muy funcional, sobre todo si reservas con mucho tiempo de antelación. (Y no las mencionamos, pero Airbnb y Couchsurfing son siempre opciones a la mano).

Trabajo

Trello. Si ser organizado con tus labores en una oficina no siempre es fácil, serlo mientras viajas puede ser una pesadilla. Trello es una app que te ayuda a organizar tus múltiples ocupaciones para no fallarle a los clientes y dedicarle un horario justo tanto a tu trabajo como a la diversión.

Workfrom. ¿Buscas el sitio más cercano con conexión a internet? En Workfrom hay una lista no exhaustiva pero suficiente de lugares donde puedes sentarte a trabajar. Si sacas cuenta y haces log in, hasta te dan los passwords.

Remote OK. Probablemente has usado Freelancer o Upwork para conseguir trabajos de freelance. Bien: digamos que Remote OK es lo mismo pero hecho explícitamente para nómadas. Los trabajos que se postean requieren específicamente de gente que está viajando, lo cual puede aumentar muchísimo tu cantidad de clientes…

Schedule Once. … para lo cual necesitarás Schedule Once, una app que te ayudará a optimizar tus tiempos de juntas virtuales.

Rescue Time. Siempre es importante evitar las distracciones en el trabajo, pero es quizá más importante aún hacerlo cuando quieres terminar rápido para poder continuar con tu viaje. Esta aplicación te ayuda a llevar registro de los sitios en los que pasas el tiempo, de modo que tendrás información certera de lo que te está haciendo perder el tiempo.

Viaje

Spotted by Locals. Guías de viaje hay miles (para ser honestos, quizá la más detallada de todas sigue siendo Lonely Planet…), pero casi todas son hechas por turistas que pasan apenas algunos días en las ciudades que reseñan y que, por tanto, terminan escribiendo obviedades o ingenuidades (OK, como escritor a punto de dar la vuelta al mundo, quizá no debería decir eso…). Eso es lo que hace diferente a Spotted by Locals:que habitantes de la ciudad en cuestión recomiendan cosas que están sucediendo en sus erruños. Si eres un nómada auténtico, quizá preferirás ir a estos lugares, donde podrás conocer gente local, que ir a los típicos tourist traps.

Nomad List. Es LA página web para nómadas. Califica las ciudades según las facilidades que ofrecen para hacer en ellas vida temporal, desde los costos (tanto si te adaptas a pasarla de local, rentando departamento barato y comiendo en casa, como si te quedas a la mitad, viviendo en hoteles y comiendo en restaurantes) hasta la calidad del internet, la libertad de género, la amabilidad con turistas, etcétera. Su diseño es súper amistoso, y ofrece otros recursos para quienes planean su vida en el camino. Dos nómadas de verdad (y en activo)

Nomadic Matt. Empezó escribiendo un blog de viajes como cualquier otro, pero hoy Matt Kepnes es un imperio de información para viajeros de bajo presupuesto. Tiene su página web con blog y foros, pero también hace guías impresas, da cursos, y hasta tiene una fundación para ayudar a jóvenes de bajos recursos a viajar.

Legal Nomads. Jodi Ettenberg dejó su trabajo como abogada en Nueva York y se lanzó a viajar por el mundo. Lleva ya ocho años en ello, comiendo sopa, haciendo recomendaciones gastronómicas para celíacos y dando pláticas. Su página es un frenesí de recursos para viajeros, links, tips y, en general, una parada obligada para todo el que quiera poner un pie fuera de la oficina.

Tags
Compartir
Share on FacebookGoogle+Tweet about this on TwitterShare on LinkedIn