Una vaca en la azotea

Foto: Shutterstock.

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por Cecilia Suárez

La forma en que funciona el mundo actualmente a niveles de producción de comida ha llegado a niveles absurdos que, sin embargo, se nos escapa a la percepción porque estamos muy mal acostumbrados. Nuestro ritmo de vida como sociedad moderna, como clasemedieros privilegiados, ha alcanzado niveles insostenibles y la forma más fácil de medirlo es a través de la comida.

Si uno piensa lo que una familia de clase media en la Ciudad de México consume, por ejemplo, de leche, en función de lo que costaría mantener una vaca lechera, ese producto de canasta básica que damos por sentado, rebasa nuestras posibilidades. Este tema, que involucra sustentabilidad y medio ambiente, no es novedoso, aunque sí parece que se ha traspapelado en la vorágine de problemas que enfrenta la humanidad.

Usualmente, el tema de la alimentación es abordado desde el punto de vista de los seres humanos que padecen hambre y no del consumo desmedido de los países desarrollados y de la clases acomodadas de los países en desarrollo. No obstante, el asunto es absurdo desde ambas perspectivas.

 

El peligro de la industria ganadera
Kip Andersen, un ambientalista estadounidense, hacía todo lo posible para ayudar al planeta y seguía las sugerencias de todas las organizaciones ambientalistas del mundo para aportar su granito de arena: tomar duchas cortas, andar en bicicleta, etcétera. Sin embargo, su vida cambió cuando descubrió que la industria ganadera era la principal causante de la destrucción ambiental.

Kip, además cineasta, junto con su colega Keegan Kuhn, realizó el documental Cowspiracy: The Sustainability Secret (2014), en el que revela cómo la ganadería es la principal causante del calentamiento global. Encontró, como se ve en el documental, una investigación de las Naciones Unidas que mostraba que la ganadería emitía más gases causantes del efecto invernadero que las producidas por la industria del transportes (que incluye autos, camiones, trenes, barcos, aviones). Asimismo, la ganadería consume muchos recursos naturales y provoca una degradación ambiental muy fuerte, lo que afecta directamente al planeta, actualmente.

La sorpresa continuó ya que organizaciones como Greenpeace, Amazon Watch o 350.org, entre otras, no mencionaban nada el respecto. En el documental se ven entrevistas a las principales organizaciones ambientalistas al ser interrogados concretamente sobre este punto pero las preguntas fueron evadidas; algunas, como Greenpeace, ni siquiera otorgaron una entrevista para el documental.

De acuerdo con la investigación de Andersen, la crianza de animales para la alimentación es responsable del 30% del consumo mundial de agua, ocupa el 45% del espacio en el planeta y es responsable del 91% de la destrucción del Amazonas; además de ser la primera causante de las “zonas muertas” en los océanos (espacios donde la vida marina no existe debido a los bajos o inexistentes niveles de oxígeno).

El daño que está causando la producción ganadera nos deja ver, de esta manera, que mantener el consumo de estos productos al ritmo actual sería un error. Siendo ya la población mundial tan grande, pensar que es posible mantener el mismo consumo ganadero por persona es absurdo porque representaría una afectación mayúscula para el planeta. La crianza del ganado necesita grandes espacios, demasiada agua y granos (soja), además de que los gases producidos por las vacas y, puntualmente, sus desechos, son los principales causantes del efecto invernadero —hay que pensar, por ejemplo, que el ganado produce 130 veces más desechos orgánicos, estiércol, que toda la población humana—.

Tomar medidas
Para hablar de un verdadero camino a la sustentabilidad, la solución que propone el filme es el veganismo y detener la ingesta de cualquier derivado animal. Sin embargo, pensar en un cambio tan radical de hábitos en la humanidad es esperar un milagro, si ni siquiera se logra reducir el consumo de energía eléctrica.

Una de las soluciones, aunque es casi inservible, es el consumo de carne sustentable, la cual tiene un costo mayor ya que proviene de granjas que tienen una producción masiva ni industrial. Sin embargo, utilizando como ejemplo una granja sustentable en California y considerando que el estadounidense promedio come 95 kilos de carne al año, en 1,800 hectáreas (equivalente a 2,521 campos de futbol) se producirían 35,000 kilos de carne de res al año, con lo que apenas se cubriría el consumo de 382 estadounidenses, en promedio.

Una vaca en la azotea
Ahora, ya no hablemos del consumo de carne de res, sino en el consumo de leche de vaca. Así como mucha gente en la actualidad siembra hortalizas en su propia casa en un intento de consumir lo que produce y promover la sustentabilidad, proyectemos el modelo para saciar el consumo de leche y la cosa se sale de toda proporción.

Para empezar, habría que poner una vaca en la azotea, de la misma manera en que algunas personas siembran macetas con tomates y albahaca. El problema comienza desde mantener a la ternera, ya que aunque no produzca al principio lo mejor será colocar desde pequeña en la azotea: al nacer, las terneras pesan entre 30 y 40 kilos, pero en la adultez pueden llegar a pesar hasta 1,000 kilos, así que mejor subirla siendo aún una cría, porque volarla como si fuera un piano ya siendo adulta podría ser algo complicado. Ahora, una vaca puede producir entre 4,000 y 10,000 litros de leche al año, es decir, unos 4.75 litros de leche al día, con lo que ya vamos de gane, porque de una sola vaca, podrían tomar leche dos o tres familias.

Sin embargo, para que la vaca pueda producir esa leche, debe tomar en promedio entre 115 y 150 litros de agua al día y comer entre 63 y 68 kilos de soja al día también, así que mantenerla posiblemente salga demasiado caro; considerando que un kilo de soja cuesta 40 pesos, para mantener a una vaca se necesitarían unos 2,620 pesos diarios para alimentar a la res, mientras que un litro de leche en el súper cuesta alrededor de 20 pesos. Y la cerecita del pastel será deshacerse de los cinco kilos de estiércol (promedio) que la vaca también produce al día.

Ilustración: Elián Tuya.

Ilustración: Elián Tuya.