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Vestigios

Pueden ser cenizas. Escombros. Residuos. La lente de Daniela González ha registrado los vestigios de un encuentro bajo las sábanas (o sobre ellas).

El resto es misterio. O turbulencia. Porque ahí dos cuerpos han danzado ese canto alegre de una sola voz, ese que a la mañana parece haberse enfriado y emprendido la huida. Pero las imágenes evidencian que ahí, en las arrugas del algodón, permanecen los vestigios del ritual amoroso.

Son estampas del magnetismo de eros. Convocatoria a entrelazar las manos, a enredar las piernas, a perderse para siempre para encontrarse como nunca. Es allí donde el silencio abrasa y la mirada abraza. Ahí, en cada cama habitada, esta entrañable fotógrafa mexicana rinde tributo a la complicidad y deja testimonio de que, no importa qué ritmo frenético o atroz marque el mundo de allá afuera, las sábanas congregan a los seres humanos. Y los vestigios de la congregación sagrada del erotismo se reflejan en la inmortalidad de su lente.

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