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Vida y milagros de Fulana Who

Sol de Angelis es una artista argentina que ha logrado hacer las paces con su soledad a través de un […]

Sol de Angelis es una artista argentina que ha logrado hacer las paces con su soledad a través de un personaje de caricatura que se llama Fulana Who.

Todos nos hemos sentido solos alguna vez y no es algo que tenga que ver si uno tiene pareja o no.

La soledad, me atrevería a decir, es la gran epidemia de los tiempos modernos, pero mientras están quienes sólo la padecen, también hay otros, como Sol de Angelis, que también intentan remediarla: desde hace un par de años, esta argentina de 29 años, sobrelleva la soledad que le provoca vivir fuera de casa realizando una serie ilustraciones, viñetas y breves animaciones que bajo el nombre de Fulana Who han conseguido reunir, a la fecha, casi 140,000 seguidores en Facebook.

Fulana Who es, precisamente, una chica acompañada de la soledad representada por una pelota morada con pies y brazos, que es la cómplice de sus aventuras. Ambas se construyen y reconstruyen a lápices de colores; así, por ejemplo, la primera caricatura de este personaje se confronta con su soledad durante una noche cualquiera en Buenos Aires.

En la ilustración está Fulana Who cenando acompañada de su soledad púrpura y una botella de vino que decide abrir para amenizar la charla. “Me di cuenta que me encantaba estar así, fui feliz y dibujé ese momento al que le puse La soledad y yo, Capítulo 1”, explica Sol en entrevista.

 

El nacimiento de Fulana Who
La ilustradora argentina vive sola desde los 23 años, con idas y vueltas a casa de su padre durante un año, hasta que a los 25 se asentó. Durante ese tiempo, Sol ha podido ilustrar su relación con la soledad. Su alter ego, Fulana Who, ha tenido diferentes interacciones con su soledad: han visto cine de terror juntas, han pasado media hora bajo la lluvia en Madrid y también han encontrado un calcetín naranja antes de la llegada del invierno.

“Al principio, la soledad era como un ‘okupa’ que tenía sus planes propios, que vivía en mi casa y con quien no quería convivir”, recuerda Sol. “Ahora es mi conviviente, quien me espera cuando vuelvo y a quien necesito para charlar. Hoy en día la añoro y la extraño, la llevo conmigo a todos lados y me encanta”.

 

¿Es la soledad tan negativa como nos la pintan?
Un estudio, realizado en Finlandia por el Instituto Finlandés de Salud Ocupacional, indica que las personas que viven solas tienen un 80% más de probabilidades de sufrir depresión que quienes viven en familia o acompañados.

Para Beth Murphy, directora de información de la organización británica Mind, vivir solos hace que las personas tengan menos oportunidades de hablar sobre sus sentimientos o que tengan un apoyo emocional cercano. Por otro lado, un estudio hecho por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) afirma que los solteros mexicanos están más satisfechos con su vida en comparación con los casados y divorciados. Según argumentan eso se debe a que son dueños de su espacio y su tiempo. Sin embargo, no hay que olvidar que uno también puede sentirse solo estando acompañado.

Para Sol existe una idea colectiva de lo que es la soledad que no es buena. Esta idea indica que estar solos es indicativo de que nadie nos quiere, aunque eso no sea cierto. “A veces estás solo porque lo necesitas. Lo que pasa es que las personas tenemos miedo a aburrirnos y cuando estamos solos la diversión depende única y exclusivamente de nosotros”.

 

La energía de la soledad
La libertad de poder hacer lo que queramos cuando lo queramos provoca en las personas algo de miedo. “Eso nos asusta. Porque muchas veces no sabemos qué queremos y pensamos que no estamos viviendo bien la vida”, reflexiona Sol, ahora viviendo en Berlín tras dejar su Buenos Aires querido.

En su nuevo rincón europeo, la acompaña apenas un colchón, un perchero con algo de ropa, una mesa para colorear y su gato. Y ella disfruta eso, que podría parecer poco, más que nunca. “Lo bueno de estar en otro país es que tu cabeza no deja de asombrarse por cosas que, quizás, donde vivías ya las dabas por sentado”.

Sol disfruta del silencio, de sus propios ritmos a las 3 de la mañana, de comentar sus ideas consigo misma —o con su gato—, mientras que acepta y asume que el desorden y el caos es un estado que le sirve para ordenar su mente.

Esta energía podría servirle para crear otra serie gráfica. Esta vez, ha pensado en ilustrar historias de ficción. Un cómic sobre dos hormigas o la de un robot, quién sabe. La decisión la tomarán ella y su soledad.

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